Sin luna

¿Quién no se ha sentido felizmente perdido en un cielo estrellado, saboreando el aire tibio y los lejanos sonidos de la noche en provincia?

Irremediable y venturosamente recuerdo a Xalapa cuando escucho a Melingo con esta canción tan genuina y feliz.

El Conejo:Los Cojolites

Esta canción me recuerda mucho al Patio Muñoz en Xalapa; este lugar es una vecindad típica del siglo XIX en donde tienen lugar los fandangos, reuniones que se realizan entre músicos y disfrutadores del son jarocho cuyo único objetivo es no dejar morir la tradición y nutrir con sangre nueva el género musical.

A la luz de las estrellas y algunos focos junto a los lavaderos se pone un tablado en donde al ritmo de tacones, marimbolo, mosquitos, leona, quijada de burro y unas bien templadas voces se da rienda suelta al gusto de vivir. ¿Quién es el guapo que puede rechazar el rico calor de un torito de coco y un tamal verde con pieza de pollo cuando sólo el frío nos hace notar que ya son las 2 de la mañana y que el tiempo se ha fugado gozosamente, escuchando música vivificante?

Este recuerdo llegó hasta aquí por puro gusto, nomás al pensar que por fin nos escaparemos dos días para allá. Ojalá encontremos algún fandango en donde podamos recordar que somos humanos que merecemos experimentar la alegría humilde y genuina, a pesar de que todas las noticias tributarias, políticas y sociales se empecinen en lavarnos la cabeza con que sólo somos números del trágico estadístico nacional.

Ah, quien pudiera…

Después de escuchar lo bien que le fue a la familia en su visita a mi Abuelita en Xalapa, no me queda sino hacer planes hasta para fin de mes. 

Con la operación de Doña Lilia, el trabajo se acumula y tengo que hacer un ejercicio de desdoblamiento para ser Mamá y Webmaster de tiempo completo, de manera simultánea. Gracias a Dios por Bety, que es un apoyo para tener 3 horas de lleno en mi trabajo por la tarde, por lo que dejo para entonces los proyectos que demandan más concentración.

Mientras tanto, Pascualito y yo compartimos un rato pantalla: Sentado en mi regazo él ve sus videos de colores, mientras que en la mitad restante termino un sitio…

Dejaré para mis 2 minutos de tranquilidad la ilusión de que estoy en el patio de mi Abue, bajo el árbol, viendo el navegar de las nubes hinchadas de agua, mientras escucho una de mis canciones preferidas.

Por cierto, el grupo que la canta en este corto es Tlen Huicani, frase náhuatl que significa “Los Cantores”

Pescador de estrellas.

Es maravilloso el sentimiento encontrar algo perdido largamente buscado.

Hoy, gracias a la prodigiosa memoria de mi hermana,  pude recordar el verso que declamaba tan galanamente mi Tío para nosotros y que tanto me recuerda las vacaciones de verano en Xalapa, con mis Abuelitos.

Aquí va:

Un pececillo travieso
por el mar iba nadando
cuando vio sobresaltado
un pedacillo de pan
iba a cogerlo al instante
pero su madre le dijo
no lo comas… Hijo
mira que a pesar te va
mas el pececillo travieso
comió del pan, y por necio
muerto del agua salió.

Esta rima para mí significa recordar aquellos días calurosos de julio, a los 7 años, cuando nos metíamos a la pileta del patio bajo la sombra del naranjo, escuchando por el radio un episodio más del gran Kalimán. Aquellos días cuando mi abuelita nos regalaba 50 centavos para comprar unos bolis de coco con Doña María y nos emocionaba saber que vendría mi Tío Beto de Alvarado para pasar el fin de semana.

Apenas te distinguíamos a lo lejos, cómo un minúsculo puntito con sombrero jarocho venía caminando decidido y rápido hacia nosotros, derechito con tu guayabera azul y el costal blanco de donde salían mil maravillas.

Trabajador incansable, lo mismo conocías a fondo todo lo necesario para arriar un buen hato de ganado a lugares distantes que pescar en altamar, pero nunca estabas demasiado ocupado para pasar por alto la llamada del vendedor de fruta o paletas; así, comprabas sin miramientos tantísimos recuerdos deliciosos para nosotros y para todos los niños que tenían la suerte de andar por allí; por cierto, hay que decir -de paso- hacías felices a los vendedores, porque la verdad, nunca fuiste muy atento a las minucias matemáticas para recuperar el cambio exacto.

Pasaron los años. Crecimos. Nuestras visitas se acortaron a fines de semana en que una escapada relámpago nos permitía visitarlos de vez en vez. Cada vez te veía más grande, honrando con puntualidad inglesa a las 4 de la mañana la enmienda de mantener a raya las hojas del flamboyan. Mentando madres a la escoba que -rebelde- no se doblegaba como antaño lo haría la red cargada. Mirando largamente a los perros.

Pienso que la dedicación concienzuda al oficio de cargar más de 90 años y buscar por todo el patio el sol, no te daba tiempo para entender mucho de lo que te decíamos, pero te daba igual… y nos mirabas con esos ojos atentos, como diciendo que nos escuchabas, acompañándonos así a tu manera.

En el fondo, creo que tuviste éxito en tu disfraz adusto, para ocultar que nunca dejaste de ser un poco niño. Y eso se descubría, para los que conocíamos tu secreto, cuando pensabas que nadie te miraba y le dabas de lo más rico de la comida a la Chata, quien -como tú- buscaba siempre el sol.

Tío, te llevamos siempre en el corazón.

Con cariño,

Tu sobrina.

Xalapita la bella

Será porque mi familia es xalapeña, porque desde niños esperamos con ansia las vacaciones para ir a disfrutar del verde veracruzano que oxigena hasta la última neurona o porque cada vez que vamos nos tiene una grata sorpresa. El caso es que nos declaramos como “jarochilangos de corazón”, como diría Opus.

Para quien no la conoce, Xalapa es una ciudad en la que el espíritu bohemio estudiantil ha dejado una huella imborrable, con infinidad de eventos culturales, profundas tradiciones llenas de color y música, además de incontables delicias gastronómicas (cómo no recordar el mole de Xico, los tamales de mi Abuelita, el café de Coatepec, la pulpa de mamey de Plan del Río, los camarones de Carrizal y un largo etcétera que no escribo aquí porque este paréntesis se está haciendo bastante largo y el recuerdo casi me hace salir corriendo a tomar el primer autobús que vaya para allá). ¿Y el clima? De lo mejor… En un solo día uno puede disfrutar de sol radiante por la mañana, algún chubasco por la tarde y chipi-chipi en la madrugada.

Todo esto viene a cuento porque el día de hoy tuve la suerte de encontrar un blog con información indispensable para quien quiera conocer a Xalapa en todo su esplendor. Se llama Diez Pesitos y allí se difunden de manera muy generosa las próximas actividades culturales, ecológicas y autosustentables que se llevan a cabo en Xalapa, que además de muy enriquecedores son bastante accesibles. Entre otros interesantes hallazgos, leí una nota sobre la emisión de un Directorio Verde de empresas/organizaciones ecológicas xalapeñas que puede ser de gran ayuda, por ejemplo, para quien planea vacaciones ecoturísticas con diversión, contacto con la naturaleza y apoyo a la economía de alguna comunidad veracruzana.

¡¡¡Enhorabuena para Diez Pesitos!!!