Home office

Pasé varios años de mi vida trabajando en una compañía que estaba situada bastante lejos de donde vivo y fui feliz ese tiempo porque me encantaba lo que hacía. Sin embargo, llegó un momento en que decidí hacer un cambio de vida y tomando valor inicié mi propia empresa. Hoy afortunadamente trabajo desde casa y -si bien hay millones de ventajas, como poder disfrutar el crecimiento de los hijos, también es considerable la presión adicional que uno tiene al cumplir con varios roles a la vez.

Por eso me encantó este video. Lo comparto con ustedes comprendiendo el reto que implica para mí y millones de personas ser polifacética en funciones. La diferencia con la protagonista en mi caso es que tengo la suerte de que mi marido es bastante solidario con las responsabilidades de la familia; aún así, mi vida es como vivir varias vida a la vez.

Rutina

Todos los días al salir de casa veo innumerables hombres y mujeres que cumplen con su rutina. Unos van platicando con sus hijos mientras los llevan a la escuela, otros suben con prisa a los camiones llenos o abren sus negocios con la esperanza de un día mejor que el de ayer. Más allá de si son hombres o mujeres, si van de traje o en jeans o si usan maquillaje de moda o prefieren la sinceridad de una cara sólo lavada, percibo en ellos la certeza de que su esfuerzo le permitirá sobrevivir, apoyar en su familia y -en el mejor de los casos- superarse como grupo.

Caso aparte son los muchachos que van a estudiar. En la mayoría de ellos aún brilla la fascinante invitación de la vida a romper límites, a saberse depositarios de un flexible futuro por el cual hoy aún no tienen que pagar el boleto completo.

Reconozco a quienes dan día a día su vida, cosiéndola a la rutina con amor, paciencia y hasta resignación, en beneficio de un futuro para las vidas que han nacido de la propia.

Que parva que eu sou / Qué tonta soy

Alguna vez escuché que las mujeres de hoy no tenemos nada de liberadas. Con demandantes trabajos -sin que eso signifique que las responsabilidades y tareas en casa disminuyen- y una presión social omnipresente para lograr la perfección: el trabajo debe ser estupendo, los niños crecer con madre al 100%, ser la pareja perfecta, tener la silueta ideal y contar con la suficiente fuerza y sagacidad para seguir  subiendo peldaños en el escalafón laboral.

Al tratar de cumplir las expectativas en cada una de sus facetas, sólo queda una mujer exhausta, sin tiempo para sentir la vida misma pues cada minuto lo tiene contabilizado, apagando incendios, corriendo a las clases vespertinas para los niños (que dicho sea de paso en muchos casos desconocen la bendición del libre juego), además de su pesada y eterna lista de pendientes a efectuar “en el tiempo libre”.

Visto así, las mujeres de antaño ganan pues aunque que no tenían la oportunidad en el mercado laboral al menos llevaban una vida más tranquila y hasta cierto punto la disfrutaban mucho más…

No niego que haya algo de razón. Sin embargo, debo confesar que me encanta trabajar y poder cumplir metas mías, más allá de la administración de la casa. De hecho, para ser equilibrados, también podríamos pensar que los hombres están sujetos cada día a mayores niveles de competitividad, menor tiempo de obsolescencia, haciendo frente a nuevas exigencias que la sociedad, en su loco afán de ser “aceptable” ha impuesto a ambos géneros.

El estrés e insatisfacción que esto provoca es como los que imagino sentirán los hamsters en sus ruedas sin fin: Trabajar más para tener un mejor auto, trabajar más para pagar las letras del mejor auto, trabajar más para comprar más ropa “a tono” con la imagen del mejor auto, trabajar más para pagar la tarjeta y mensualidades correspondientes, trabajar más para tener una casa que sea coherente con la imagen del mejor auto y mejor ropa y mejores colegios y el nuevo mejor círculo social que no nos aceptará si estamos fuera del perfil requerido; eventualmente atarse a un trabajo que no gusta, pero que permite lograr el sustento (al menos por el momento) para mantener la apariencia lograda. ¡Qué tremendo!

Por ello, saludo a quienes reflexionan sobre este punto y tienen el valor suficiente para poner su propia empresa, desafiando la opción más práctica de ser empleado por alguien más. Celebro a quienes evitan caer en los parámetros “infalibles” de la sociedad que te indican qué debes usar, cuánto es lo correcto, cómo vivir para ser feliz. Finalmente ¿quién dicta los cánones de la perfección en el status quo? ¡Los mismos que venden las cosas que supuestamente te deben hacer feliz!

Va esta canción que apenas hoy conocí y que creo que viene muy a tono:

 

Original:

Sou da geração sem remuneração
E não me incomoda esta condição
Que parva que eu sou
Porque isto está mal e vai continuar
Já é uma sorte eu poder estagiar
Que parva que eu sou
E fico a pensar
Que mundo tão parvo
Onde para ser escravo é preciso estudar

Sou da geração “casinha dos pais”
Se já tenho tudo, pra quê querer mais?
Que parva que eu sou
Filhos, maridos, estou sempre a adiar
E ainda me falta o carro pagar
Que parva que eu sou
E fico a pensar
Que mundo tão parvo
Onde para ser escravo é preciso estudar

Sou da geração “vou queixar-me pra quê?”
Há alguém bem pior do que eu na TV
Que parva que eu sou
Sou da geração “eu já não posso mais!”
Que esta situação dura há tempo demais
E parva não sou
E fico a pensar,
Que mundo tão parvo
Onde para ser escravo é preciso estudar”

Traducción:

Soy de la generación sin remuneración
y no me molesta esta condición
qué tonta soy
porque esto está mal y va a continuar
Ya es una suerte estar en prácticas
qué tonta soy
y quedo pensando
qué mundo tan estúpido
en el que para ser esclavo es necesario estudiar.

Soy de la generación de “casa de papá”
si ya tengo todo, ¿para qué quiero más?
qué tonta soy
hijos, maridos, siempre para más tarde
y aún me queda pagar el coche
qué necia soy.
Y quedo pensando
qué mundo tan estúpido
en el que para ser esclavo es necesario estudiar

Soy de la generación “¿para qué quejarse?”
Hay alguien peor que yo en la tele.
Qué necia soy
soy de la generación “¡ya no puedo más!”
que dura situación desde hace demasiado tiempo.
Tonta no soy
y quedo pensando,
qué mundo tan estúpido
en el que para ser esclavo es necesario estudiar

Trastes

Algunos días siento que lo único constante son los trastes. Al menos me alegra -un poco maliciosamente- saber que es igual para (casi) todos:

:o)

Caballo de cartón

Y… bueno. Me encanta pensar que aún en los periodos más densos de trabajo en oficina, la noche siempre era un escape a la libertad.

Días intensos

Entre las visitas al doctor, los proyectos atrasados, las noticias del país y los planes para el futuro, el término de enero me está tomando por sorpesa. Gracias a Dios por la música, que si no, ya estaría tirando la toalla.

<a href="http://video.mx.msn.com/?mkt=es-mx&#038;vid=fdbb7ed3-a323-40d0-b6fe-cbd392346970&#038;from=es-mx&#038;fg=dest" target="_new" title="Bebé intenso">Video: Bebé intenso</a>

Distraxion

Encontré este corto animado gracias al Blog de Alejandro Gamboa en donde he encontrado contenido que me gusta. El corto me hizo recordar aquellas lejanas tardes en que trabajaba por las tardes mientras estudiaba preparatoria y tenía que recetarme todo el repertorio de Ray Connif, cortesía no solicitada del vecino negocio. Creía que su música de fondo a todo volumen haría más famosa su escuela de diseño de imagen reconocida por el Instituto X de “Paaaariiiiís, Franciaaaaa”.

Bueno, pues -como diría la canción antigüita- gracias por el recuerdo.

¿Quién es tu Mamá?

Me llegó este texto justo en el momento en que estoy vuelta loca: descubro que la salida de ayer con Pascual para festejar la primera lluvia brincando charcos resultó en una buena gripa, me doy una escapada para hacer té de miel y limón con la esperanza de que se recupere sin llegar a las medicinas; estoy preocupada porque la actualización de mi computadora nomás no termina de quedar, pensando cómo lograré el rescate de mis casi 3 mil correos que en el taller “respaldaron” pero en un tipo de archivo equivocado; etiendo al jardinero con noticias de que los muchachos de los nuevos vecinos adolescentes pisaron mis plantas a la entrada de la cerrada y -sobre todo- admirando (y agradeciendo de corazón) la paciencia y solidaridad del buen Ax.

En resumen: el contenido del mail me llegó oportunamente; justo por eso, en un break de tres minutos aprovecho para ponerlo aquí, por si a alguien le sirve como a mí… ¡Gracias por enviarlo! ¡Y gracias por recordarme en estos momentos de acción incesante que mi Mamá también atendió miles de frentes simultáneos con gusto!

Las tareas pueden desvanecerse… el amor con que son hechas, queda para siempre.

Disculparán que hoy no pongo imagen. En una escapada posterior la subiré y ya me voy que tengo que regresar a la acción.

¿Quién es tu Mamá?

Mamá es esa señora que lleva en el bolso un pañuelo con mis mocos, un paquete de toallitas, un chupete y un pañal de emergencia.

Mamá es ese cohete tan rápido que va por casa disparado y que está en todas partes al mismo tiempo.

Mamá es esa malabarista que pone lavadoras con el abrigo puesto mientras le abre la puerta al gato con la otra, sosteniendo el correo con la barbilla y apartándome del cubo de basura con el pie.

Mamá es esa maga que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso.

Mamá es esa forzuda capaz de coger en un solo brazo mis 15 kilos mientras con el otro entra el carro lleno de compra.

Mamá es esa campeona de atletismo capaz de llegar en décimas de segundo de 0 a 100 para evitar que me descuerne por las escaleras.

Mamá es esa heroína que vence siempre a mis pesadillas con una caricia.

Mamá es esa señora con el pelo de dos colores, que dice que en cuanto tenga otro huequito, sólo otro, va a la estética.

Mamá es esa cantante que se inventa las canciones más tontas que me hacen reír y bailar.

Mamá es esa chef que es capaz de hacerme una cena riquísima con dos tonterías que quedaban en el refri porque se le olvidó comprar, aunque se quede ella sin cena.

Mamá es ese médico que sabe con sólo mirarme si tengo fiebre, cuánta, y lo que tiene que hacer.

Mamá es esa economista capaz de ponerse la ropa de hace cientos de años para que yo vaya bien guapo.

Mamá es esa cantante que todas las noches canta la canción más dulce mientras me acuna un ratito.

Mamá es esa sonámbula que puede levantarse dormida a las 4 de la mañana, mirar si me he hecho pis, cambiarme el pañal, darme jarabe para la tos, un poco de agua, ponerme el chupete, todo a oscuras y sin despertarse.

Y eso no es todo… además trabaja fuera de casa.

¿La ves? Es aquélla, la más guapa, ¡la que siempre sonríe!

¿Te suena conocido?

La cobrata (The Necktie) es una combinación de animación con marioneta y dibujo a mano, que cuenta la historia de Valentín… su estancamiento en un aburrido trabajo sin finalidad alguna y el deseo de volver a disfrutar la vida.

Realización: Jean-François Lévesque