Que parva que eu sou / Qué tonta soy

Alguna vez escuché que las mujeres de hoy no tenemos nada de liberadas. Con demandantes trabajos -sin que eso signifique que las responsabilidades y tareas en casa disminuyen- y una presión social omnipresente para lograr la perfección: el trabajo debe ser estupendo, los niños crecer con madre al 100%, ser la pareja perfecta, tener la silueta ideal y contar con la suficiente fuerza y sagacidad para seguir  subiendo peldaños en el escalafón laboral.

Al tratar de cumplir las expectativas en cada una de sus facetas, sólo queda una mujer exhausta, sin tiempo para sentir la vida misma pues cada minuto lo tiene contabilizado, apagando incendios, corriendo a las clases vespertinas para los niños (que dicho sea de paso en muchos casos desconocen la bendición del libre juego), además de su pesada y eterna lista de pendientes a efectuar “en el tiempo libre”.

Visto así, las mujeres de antaño ganan pues aunque que no tenían la oportunidad en el mercado laboral al menos llevaban una vida más tranquila y hasta cierto punto la disfrutaban mucho más…

No niego que haya algo de razón. Sin embargo, debo confesar que me encanta trabajar y poder cumplir metas mías, más allá de la administración de la casa. De hecho, para ser equilibrados, también podríamos pensar que los hombres están sujetos cada día a mayores niveles de competitividad, menor tiempo de obsolescencia, haciendo frente a nuevas exigencias que la sociedad, en su loco afán de ser “aceptable” ha impuesto a ambos géneros.

El estrés e insatisfacción que esto provoca es como los que imagino sentirán los hamsters en sus ruedas sin fin: Trabajar más para tener un mejor auto, trabajar más para pagar las letras del mejor auto, trabajar más para comprar más ropa “a tono” con la imagen del mejor auto, trabajar más para pagar la tarjeta y mensualidades correspondientes, trabajar más para tener una casa que sea coherente con la imagen del mejor auto y mejor ropa y mejores colegios y el nuevo mejor círculo social que no nos aceptará si estamos fuera del perfil requerido; eventualmente atarse a un trabajo que no gusta, pero que permite lograr el sustento (al menos por el momento) para mantener la apariencia lograda. ¡Qué tremendo!

Por ello, saludo a quienes reflexionan sobre este punto y tienen el valor suficiente para poner su propia empresa, desafiando la opción más práctica de ser empleado por alguien más. Celebro a quienes evitan caer en los parámetros “infalibles” de la sociedad que te indican qué debes usar, cuánto es lo correcto, cómo vivir para ser feliz. Finalmente ¿quién dicta los cánones de la perfección en el status quo? ¡Los mismos que venden las cosas que supuestamente te deben hacer feliz!

Va esta canción que apenas hoy conocí y que creo que viene muy a tono:

 

Original:

Sou da geração sem remuneração
E não me incomoda esta condição
Que parva que eu sou
Porque isto está mal e vai continuar
Já é uma sorte eu poder estagiar
Que parva que eu sou
E fico a pensar
Que mundo tão parvo
Onde para ser escravo é preciso estudar

Sou da geração “casinha dos pais”
Se já tenho tudo, pra quê querer mais?
Que parva que eu sou
Filhos, maridos, estou sempre a adiar
E ainda me falta o carro pagar
Que parva que eu sou
E fico a pensar
Que mundo tão parvo
Onde para ser escravo é preciso estudar

Sou da geração “vou queixar-me pra quê?”
Há alguém bem pior do que eu na TV
Que parva que eu sou
Sou da geração “eu já não posso mais!”
Que esta situação dura há tempo demais
E parva não sou
E fico a pensar,
Que mundo tão parvo
Onde para ser escravo é preciso estudar”

Traducción:

Soy de la generación sin remuneración
y no me molesta esta condición
qué tonta soy
porque esto está mal y va a continuar
Ya es una suerte estar en prácticas
qué tonta soy
y quedo pensando
qué mundo tan estúpido
en el que para ser esclavo es necesario estudiar.

Soy de la generación de “casa de papá”
si ya tengo todo, ¿para qué quiero más?
qué tonta soy
hijos, maridos, siempre para más tarde
y aún me queda pagar el coche
qué necia soy.
Y quedo pensando
qué mundo tan estúpido
en el que para ser esclavo es necesario estudiar

Soy de la generación “¿para qué quejarse?”
Hay alguien peor que yo en la tele.
Qué necia soy
soy de la generación “¡ya no puedo más!”
que dura situación desde hace demasiado tiempo.
Tonta no soy
y quedo pensando,
qué mundo tan estúpido
en el que para ser esclavo es necesario estudiar

Organización civil

Autogestión

Recuerdo aquel lejano día día en que la concentración de personas en el zócalo en el Distrito Federal era inmensa. Tanta, que al terminar el evento temí por que la gente al querer irse rápidamente colapsara las estrechas callecitas y se diera algún tipo de accidente por avalancha humana.

Ante la ausencia de autoridades, de pronto un joven de unos 20 años se subió a una de las columnas en la esquina de la calle principal y empezó a organizar al contingente de una manera muy sencilla y efectiva: inició el conteo en voz alta hasta el número 15 para que las personas que llegaban por la derecha pudieran pasar, mientras que los que se aglutinaban a la izquierda esperaban; al instante, quienes allí estábamos comprendimos la mecánica y acto seguido él y la multitud contaron nuevamente hasta 15, pero ahora para permitir a quienes llegaban por la izquierda pudieran salir sin problemas.

El procedimiento se repitió hasta que la plaza estaba completamente vacía. Ese día, gracias a un joven propositivo y preocupado por la comunidad conocí la maravillosa, espontánea y sencilla autogestión.

Para quienes trabajan por un mundo mejor

Para los que trabajan por un futuro mejor para aquellos que más lo necesitan,

para los que no pierden la esperanza en la humanidad,

para quienes creen que no habrá justicia hasta que todos puedan alcanzarla,

para los que se esfuerzan por que los demás puedan contar con mejores oportunidades,

para quienes no pierden la fe en quienes han perdido el camino y trabajan para que ellos también la recuperen,

para quienes se comprometen con la ecología, para quienes hacen la diferencia en la vida de sus hermanos humanos…

¡para tantos humanos valiosos que hacen de esta humanidad un proyecto digno de existir!:

¡GRACIAS! Y felicidades en su día.

Esos peligrosos estereotipos

Contra el racismo

Hace un momento, en el súper escuché a una señora que platicaba con su hija lo bonito que era el bebé de su vecina porque “le nació güerito”; y recordé cuántas veces de la boca de algunos padres he escuchado que su hijo “nació morenito, pero muy simpático”, o el colmo que llegó a manos de quien nos corta el cabello, diciendo que estaba feliz porque su nieto nació con los ojos “tan azules, pero tan azules que parecían negros”.

¡Qué horror!

Lo más lamentable es que esta percepción se replica infinidad de veces en un país en donde lo que abunda es la gente morena y coexiste con un gran desprecio a este color de piel.  ¿Qué pasa? ‘Aún después de tantos siglos no nos hacemos cargo de que en nuestras venas corre sangre indígena y negra, lo que no implica que somos mejores o peores que otros, es simplemente una característica nuestra?

Ya sea por estereotipos culturales, comerciales, o por simple complejo de inferioridad, encontramos que el racismo se afianza desde edades tempranas. Para muestra, basta un botón:

Necesitamos practicar la aceptación de nosotros mismos. Este será un gran paso hacia la reconciliación con nuestros orígenes que nos hará reconocernos en plenitud. De no hacerlo, la pesada carga de discriminación e inferioridad caerá en la espalda de las nuevas generaciones que han corrido con la triste suerte de no contar con padres que valoren el color de piel como lo que es: una característica más.

Encontré también este vídeo, con el testimonio de mujeres a quienes el racismo ha dejado honda huella en su vida (inglés):