¡”De Puntitas” de nuevo al aire!

¿Con ganas de tener un motivo más para iniciar alegre el día? Pues como noticia de Reyes Magos allí les va la sorpresa:  Se retransmitirá “De Puntitas”, en Radio Educación 1060 am, a las 7.00 am. Ya no tendremos que alegrarnos sólo por contar con 50 capítulos descargables, sino que podremos recordar todas las emisiones.

Será una estupenda oportunidad para disfrutar nuevamente de un programa inteligente, ameno, didáctico y entrañable para niños y grandes (bueno, que alguna vez también fuimos niños).

¡Saludos Emilio! Y lo que nunca me imaginé: Los niños de entonces te escucharemos nuevamentes acompañados por nuestros hijos ahora.

Don Miguel Hidalgo

El 30 de julio de 1811, después de intensos combates, múltiples victorias, sonadas derrotas y de ser sujeto a tres juicios sumarios, Don Miguel Hidalgo es fusilado.

Lo fácil es decir “Miguel Hidalgo, padre de la patria” y pasar a otro tema. Lo necesario es conocer más de él, del movimiento armado que encabezó y de su pensamiento.  Esto es apasionante si -como apoyo- te encuentras con valiosas herramientas como la serie de 5 radioramas llamada “Cabezas de la Independencia” , ganadora del Programa Nacional de Producción Radiofónica de Excelencia” covnocado por el FONCA y Radio Educación.

El primer capítulo trata sobre Miguel Hidalgo y Allende…   No tienen pierde y están interesantísimas las dramatizaciones:  Serie Cabezas – Independencia de México

Incluyo también los versos escritos por el Cura Hidalgo a sus carceleros, momentos antes de ser pasado por armas:

“Ortega, tu crianza fina,
tu índole y estilo amable
siempre te harán apreciable
aún con gente peregrina.
Tiene protección divina
La piedad que has ejercido
Con un pobre desvalido
Que mañana va a morir,
Y no puede retribuir
ningún favor recibido”.

“Melchor, tu buen corazón
ha adunado con pericia
lo que pide la justicia
Y exige la compasión

Das consuelo al desvalido
en cuanto te es permitido,
partes el postre con él
y agradecido Miguel
Te da las gracias rendido”.

De puntitas

Hace algunos meses al pasear por el sitio de Radio Educación, encontré algo que para mí resulta invaluable… Episodios del programa “De Puntitas“*, que me acompañó puntualmente durante tantísimas mañanas cuando era niña.

Este programa me encantaba y me sige pareciendo estupendo.  Veo en muchos programas infantiles actuales que la percepción de que los niños son inteligentes se ha difuminado; tal vez los productores piensan que mientras más tonto el contenido será mejor captado por el público infantil, cuando en realidad no hay nada más lejano a la realidad. Los niños son inteligentísimos (básta que recordemos nuestra propia experiencia) y para ellos el contenido que los hace pensar e imaginar es siempre bienvenido…

Por eso no me perdía un capítulo de “De puntitas”. Incluía cuentos, poesías, leyendas, notas anti-consumo ¡y hasta recetas de cocina!contados siempre por la cálida y familiar voz de quien es hasta hoy para mí el mejor locutor mexicano: Emilio Ebergenyi.

Cierro los ojos, y recuerdo la emoción que me daba escuchar la introducción de cada programa, que ya me sabía de memoria:

“De puntitas en silencio
con calma y un estirón
ve haciendo para un lado
su cobija y su calor.

De puntitas por mi casa
se paseaba un ratón
“No me despierten a gritos,
de puntitas es mejor”

Abre los ojos un poco
deja que les entre el sol
que empiece a baliar su niña
de puntitas este son.

Cuando den las 6 y media,
prende el radio por favor,
“De puntitas”, tu programa
está en Radio Educación.

Suavecito, no hay carreras
despierta de buen humor
levántate de puntitas,
que ya empieza la función.”

Los invito a disfrutar nuevamente estos 50 episodios y a compartirlos con los más chicos. Seguro les gustará.

hearing the music by *Katie-O on deviantART

*Un agradecimiento de todo corazón a Marco, por ayudarnos a descubrir la nueva dirección de los 50 capítulos de “De Puntitas”. 28 de julio 2010.

Hasta pronto, Radio Monitor

El cierre forzado de Radio Monitor me merece el sentimiento de pérdida irremplazable. Es lamentable no sólo por la trayectoria del mismo, sino porque su desaparición es una muestra palpable de los tiempos que nos han tocado vivir, en los cuales el dinero es el que hace valer su voluntad, aún sobre el derecho de libertad de expresión.

En mi casa, desde niña, nos enterábamos cada mañana de las noticias en el programa de Gutiérrez Vivó; conforme pasó el tiempo y leí más empecé a no coincidir con varios de sus puntos de vista y creo que esto fue valioso para mí… me hizo comprender que la diversidad de opiniones es sana, porque la apertura a nuevos enfoques es un buen antídoto contra la intolerancia generadora de violencia. No es cuestión de forzar a la gente a opinar igual que uno, sino comprender su punto de vista para enriquecer el propio (aunque no se coincida).

Aquí el testimonio de sus últimos 10 minutos de vida.

Parece que en México gobiernan los dueños de la TV…

A continuación se reproduce la participación de Denisse Dresser ante la Comisión de Comunicaciones y Transportes de la Cámara de Senadores el 15 de febrero 2006, respecto a la inminente aprobación a las reformas a la ley de Radio y Televisión. No hay desperdicio alguno en su participación, y tristemente refleja la situación en que nos encontramos.

Vengo a informarles algo. ¿Sabían que ustedes trabajan para mi y para 100 millones de mexicanos? ¿Que yo – a través de mis impuestos – pago el sueldo que ustedes mensualmente reciben? ¿Que ustedes, por ello, tienen la responsabilidad fiduciaria de proteger el interés público? Parto de esa premisa básica porque parecería que pocos aquí la entienden.

Porque al presenciar lo que ha ocurrido en torno a la ley de Radio y Televisión es inevitable preguntarse “¿Quién gobierna?”, como preguntaba el politólogo Robert Dahl en un texto clásico. “¿Quién gobierna?” preguntan ciudadanos como yo, pasmados frente a lo que contemplan en este debate. Porque parecería que en México, no gobiernan los representantes de la población-ustedes – sino los dueños de la televisión.

Porque todos sabemos el orígen de una iniciativa en la que Televisa hace lo que siempre ha hecho. Usar el peso y el poder que tiene para promover sus interese. Presionar hasta donde puede para ver qué tanto consigue. Empujar hasta donde encuentra resistencia. Lo ha logrado antes y lo sigue logrando ahora. Porque no encuentra resistencia.

Porque el problema fundamental no está en la oficinas de Chapultepec sino en las oficinas del Congreso. En las oficinas de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. En las oficinas de ustedes. En las oficinas de quienes deberían regular intereses particulares – vis a vis un bien público que es el espacio radioeléctrico – pero no lo hacen. Que deberían tomar decisiones en función del interés público pero no lo hacen. Que deberían oponer resistencia a las demandas de las televisoras pero no lo hacen.

Nadie duda que la Ley de Radio de Televisión necesitaban revisión. Nadie cuestiona que era indispensable su modernización. Por las concesiones discrecionales y la regulación inexistente, por la concentración cuestionable y los contrapesos ausentes. Porque los medios con frecuencia no se comportan como el Cuarto Poder sino como el Primero. De allí la necesitad de actualizar, de transparentar, de reinventar una legislación para promover el interés público en vez de ignorarlo. De enfrentar a los intereses enquistados y a los cabilderos pagados. De acotar a los concesionarios y el poder que han logrado acumular. Una agenda que varios senadores – como lo ha recordado Dulce María Sauri – llevaban cinco años infructuosos intentando impulsar. Una agenda obstaculizada a cada paso por quienes tenían mucho que perder frente a ella.

Y de pronto, el “fast track”. Y de pronto, un dictamen votado en 7 minutos, sin un sólo voto en contra, sin una sola abstención. Un Congreso paralizado por la división la supera, demostrando que cuando todos piensan de la misma manera, nadie está pensando mucho. Y por ello la iniciativa huele mal. Huele a intereses coludidos. Huele a diputados rendidos. Huele a representantes públicos enpantallados.

Y allí está el resultado: una propuesta parcial y maniatada. Una iniciativa que aparenta ser lo que no es y debería ser: una reforma integral y democrática capaz de fomentar la competencia real, la desconcentración verdadera, la regulación auténtica, la ciudadanización necesaria, la rendición de cuentas completa. Una reforma que colocara el interés público por encima de los intereses privados. Una reforma que le devolviera a los ciudadanos parte del poder que han adquirido los concesionarios. Pero el dictamen que los diputados aprobaron con tanta celeridad está lejos de ser eso. Basta con leerlo. Basta con examinarlo, punto por punto. Parece moderno pero no alcanza a serlo, o lo es de manera incompleta.

Suena bien pasarle la pelota a la Cofetel. Suena bonito hablar de sus nuevas atribuciones y su nuevo poder. Suena “políticamente correcto” anunciar el fin de la discrecionalidad presidencial y el arribo de la autonomía reguladora. Pero esos argumentos ignoran un hecho evidente para los consumidores de México. Las autoridades regulatorias – desde hace años – están comprometidas. Capturadas. Decisión tras decisión demuestran que están cerca del bolsillo de los intereses privados y lejos del interés público y esta ley no garantiza la autonomía real. Allí están las declaraciones de Abel Hibert de la Cofetel, criticando la telefonía por internet y defendiendo a las “telefónicas tradicionales”, o sea Telmex. Allí está Pedro Cerisola a las órdenes de Carlos Slim como lo sugiere un artículo publicado en el Wall Street Journal el 10 de febrero. Allí está la Cofetel, guardando silencio sobre las tarifas de interconexión telefónica. Ellos y tantos otros, ahora con la responsabilidad de otorgar nuevas concesiones de radio y televisión a sus viejos aliados.

Y bueno, también suena atractivo fomentar la “transparencia” a través de subastas. Pero ése fue el mecanismo con el cual se privatizaron los bancos y Televisión Azteca, con las irregularidades cometidas y los resultados conocidos. Con criterios de lucro por encima de criterios de calidad. Con la venta al mejor postor pero no al mejor concesionario. Con el involucramiento subrepticio de Raúl Salinas de Gortari en el caso de la televisora. Subastas amañadas y licitaciones pactadas. Subastas que ahora prometen resolver el asunto de la opacidad, pero no tocan en problema de la concentración. Porque la concentración no se evita con licitaciones públicas. Porque subastar no llevará a desconcentrar. Porque subastar no aumentará la competencia en un sector dominado ya por jugadores grandes.

Pero al parecer de eso se trata. De reformar un poco para preservar mucho. De ceder en algo – como la contratación de tiempos por el IFE – para evitar ceder más y de fondo. De darle una maquillada a la ley para evitar una cirugía plástica mayor. Porque artículo tras artículo la iniciativa demuestra qué intereses defiende y de qué lado está parada. Evade la construcción de contrapesos. Elude el tema de sanciones a concesionarios cuando intentan venden apariciones en los noticieros o llevan a cabo vendettas contra sus enemigos. Evita hablar de un órgano regulador libre de los conflictos de interés como los que existen y funcionan en otros países. La iniciativa – de nuevo -deja a los ciudadanos desamparados, sin acceso a un bien público y a merced de quienes lo comercializan.

Y al aprobarla como lo hicieron, 327 diputados – cuya decisión tanto respeta el Senador Emilio Gamboa – colocaron un manojo de intereses por encima de 100 millones de mexicanos. Blindaron ese pacto tradicional entre los “representantes populares” y los medios que les permiten comprar su popularidad. Demostraron que están cada vez más lejos de la función para la cual fueron electos. Porque las reformas propuestas sólo serían aplaudibles si también le regalaran a cada mexicano acciones de Televisa o TV Azteca. Sólo así podrían compartirse los beneficios de un plan con maña.

Y si ustedes aprueban la semana que entra el dictamen sin cambiarle una sola coma como lo pronostica la revista Proceso, demostrarán quienes son. Demostrarán que México se ha convertido en el país del “por lo menos”; el país de los estándares bajos y las expectativas encogidas; el país donde las minutas son malas, pero podrían ser mucho peores. Donde las expectativas son tan bajas que cualquier dictamen por tramposo que sea puede satisfacerlas fácilmente. Por lo menos habrá más certidumbre. Por lo menos se menciona la autonomía de la Cofetel, dicen. Por lo menos es un avance, dicen. Por lo menos hubo consultas públicas, dicen.

Y lo siento, señoras y señores. Estos argumentos – como los que enarbola el Senador Osuna – tienen un común denominador; parten de la premisa “así es México”. Parten de la inevitabilidad. Parten de la conformidad. Ya lo decía Octavio Paz: “La resignación es una de nuestras virtudes populares”. Más que el brillo de nuestras victorias nos conmueve nuestra entereza ante la adversidad”. Nuestro conformismo con la concentración duopólica. Nuestra paciencia frente a las ilegalidades que comete el dueño de TV Azteca. Nuestra tolerancia ante empresarios que venden malos productos porque no enfrentan la competencia que aumentaría su calidad. Nuestra resignación ante el poder de la pantalla. Nuestra convicción compartida de que esta ley es mejor que nada. Nuestra complicidad con el stats quo.

Complicidad que equivale a una apología del gradualismo que beneficia a pocos y perjudica a muchos. Y señoras y señores, México solo será un país mejor para sus habitantes cuando sus senadores dejen de pensar en términos relativos y empiecen a exigir en términos absolutos. Cuando se conviertan en servidores públicos armados con una visión de lo que podría y debería ser. Cuando digan que los dictámenes fallidos y la concentración duopólica y la digitalización gratuita y el poder desbordado de las televisoras y la claudicación del gobierno son realidades que ningún mexicano – y menos un senador de la República – está dispuesto a aceptar

Dirección web de este artículo: http://www.senadorcorral.org/article.php3?id_article=1171 y http://www.senadorcorral.org/

Hasta pronto, Emilio.

Con cariño a Emilio Ebergenyi.

Él día de hoy falleció un amigo.

Hace apenas un par años tuvimos la fortuna de conocer a Emilio. Sin falta desayunaba con nosotros y siempre disfrutábamos de su espíritu generoso que compartía lo mismo cuentos que noticias o sugerencias para ampliar nuestro panorama cultural. Disfrutábamos inmensamente su conversación inteligente, rica y espontánea, que nos llevaba a conocer nuevos horizontes en dimensiones tan distintas como las noticias cotidianas, política, música, literatura o teatro…

Fue nuestro compañero durante incontables mañanas y aún más allá: en programas como Pulso de la Mañana o Su casa y otros viajes, tantos programas educativos, comunicados culturales, cortinillas de entrada-salida y avisos de Radio Educación y hasta en el documental que sobre el espacio se exhibió en el Museo del Papalote… Sin embargo, sucedió como todo lo que uno nunca espera ni imagina: Salimos de casa unos días y al volver no lo encontramos al aire. Primero pensamos que disfrutaba de unas muy bien merecidas vacaciones, pero el mensaje de hoy del Maestro Granados Chapa en Radio UNAM nos hizo saber que que estaba en el hospital y solicitaban sangre. Cuando hablamos nos dio gusto saber que ya no la requerían porque habían sido muchas las personas que habían acudido al llamado y que Emilio estaba mejorándose.

Hace un momento supimos –así, de pronto- la tristísima noticia de su fallecimiento. Y de pronto sentimos cuánta querencia le tenemos y cuán honda ha sido su presencia en nuestra vida. No bastaría decir que lo apreciamos o que lo estimamos. No. A Emilio LO QUEREMOS, como al amigo con el que conversamos y compartimos parte de nuestra vida.

Emilio es el dueño de una voz espléndida: espontánea, fresca, anti-solemne y portadora de un estupendo sentido del humor, cuya participación es ampliamente reconocida en el ámbito cultural mexicano: Y digo “ES el dueño” con toda intención. Porque a pesar de esta inesperada separación siempre podremos recordarlo a él y a su voz, su alegría por la vida, su lúcida apreciación sobre el entorno mexicano y su evidente compromiso con nuestro país mediante el disfrute compartido de la cultura, estimulando a cada radioescucha para la construccion de su propio punto de vista crítico y autónomo.

Emilio, siempre te recordaremos y –de alguna manera- te viviremos, porque eres ya también parte de nosotros.

Con cariño.