El desierto, Jorge Luis Borges

Antes de entrar en el desierto,
los soldados bebieron largamente el agua de la cisterna.

Hierocles derramó en la tierra
el agua de su cántaro y dijo:
“Si hemos de entrar en el desierto
ya estoy en el desierto.
Si la sed va a abrazarme,
que ya me abrace”.
Ésta es una parábola.

Antes de hundirme en el infierno,
los lictores del Dios,
me permitieron que mirara una rosa.
Esa rosa es ahora mi tormento
en el oscuro reino.

A un hombre lo dejó una mujer.
Resolvieron mentir un último encuentro.
El hombre dijo:
“Si debo entrar en la soledad,
ya estoy solo.
Si la sed va a abrazarme,
que ya me abrace”.
Ésta es una parábola.

Nadie en la tierra tiene el valor de ser ese hombre.

Jorge Luis Borges

Una hermosa muestra de la poesía árabe

Hoy mientras caminaba escuché un hermosísimo poema por radio. Hace un momento lo busqué para compartirlo y afortunadamente lo encontré en el sitio Poesía Árabe . No cabe duda, la poesía une a la humanidad.

Celebración del día y de la noche

Autor: Adonis (Ali Ahmad Said)
Traducción del árabe: María Luisa Prieto

El día cierra la verja de su jardín,
se lava los pies y se pone el manto
para recibir a su amiga la noche.

El crepúsculo avanza lentamente.

En sus hombros hay manchas de sangre,
en sus manos una rosa
a punto de marchitarse.

La aurora avanza ruidosa.

Sus manos abren el libro del tiempo
y el sol pasa las páginas.
En el umbral del ocaso
el día rompe sus espejos
para conciliar el sueño.

Los momentos son olas del tiempo.

Cada cuerpo es una playa.

El tiempo es viento
que sopla del lado de la muerte.

La noche abotona la camisa de la tierra.

El día la desnuda.

Es el alba:
en el balcón las flores se frotan los ojos,
en la ventana
ondean las trenzas del sol.

El día ve con las manos,
la noche ve con todo el cuerpo.

Si el día hablara,
anunciaría la noche.

Suave es la mano de la noche
en las trenzas de la melancolía.

El día no sabe dormir
más que en el regazo de la noche.

Se le concedió a mi tristeza
ser una continua noche.

El pasado,
lago para un solo nadador:
el recuerdo.

La luz: vestido
que a veces teje la noche.

El crepúsculo: única almohada
en la que se abrazan el día y la noche.

La luz sólo actúa despierta.

La oscuridad sólo actúa dormida.

Los sueños de la noche son hilos con los que tejemos
los trajes del día.

“Nubes”, Jorge Luis Borges

I.

No habrá una sola cosa que no sea
una nube. Lo son las catedrales
de vasta piedra y bíblicos cristales
que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,
que cambia como el mar. Algo hay distinto
cada vez que la abrimos. El reflejo
de tu cara ya es otro en el espejo
y el día es un dudoso laberinto.
Somos los que se van. La numerosa
nube que se deshace en el poniente
es nuestra imagen. Incesantemente
la rosa se convierte en otra rosa.
Eres nube, eres mar, eres olvido.
Eres también aquello que has perdido.

Nubes - Jorge Luis Borges

II.

Por el aire andan plácidas montañas
o cordilleras trágicas de sombra
que oscurecen el día. Se las nombra
nubes. Las formas suelen ser extrañas.
Shakespeare observó una. Parecía
un dragón. Esa nube de una tarde
en su palabra resplandece y arde
y la seguimos viendo todavía.
¿Qué son las nubes? ¿Una arquitectura
del azar? Quizá Dios las necesita
para la ejecución de Su infinita
obra y son hilos de la trama oscura.
Quizá la nube sea no menos vana
que el hombre que la mira en la mañana.

Las jacarandas… mis preferidas

Jacarandas

Las jacarandas me encantan. Será porque son generosas al dar sombra, flores y lluvia de hojas. Para mí, es un árbol pleno que no mide recursos al vestirse de morado y festejar la vida o en experimentar la soledad total de hojas cuando llega el invierno para renacer, nuevamente cuando llega la primavera.

Dicen que los mejores ejemplos, son los que se dan en silencio.

Jacarandas
Tomás Segovia

Las dulces jacarandas se quedan en lo suyo
todos son verdes y ellas no
nadie les quitará de la cabeza
que hay mil maneras de ser árbol
mil maneras de ser lo mismo
de otra manera
que se puede ser verde siendo azul
tener flores por hojas
tener por copa un fresco resplandor
ser dichosas aparte y a su modo
bien seguras están de que hacen bien
que nos da gusto que así sean
que no por eso las queremos menos
que siempre nos ha sido necesario
que haya otra cosa.

El derecho al delirio

Y en este mundo de cabeza… ¿por qué no deliramos por un ratito?

Los Columpios

Columpios - Fabio Morábito
Foto: Deb Finnell / RGB Stock

Los columpios

Fabio Morábito

Los columpios no son noticia,
son simples como un hueso
o como un horizonte,
funcionan con un cuerpo
y su manutención estriba
en una mano de pintura
cada tanto,
cada generación los pinta
de un color distinto
(para realzar su infancia)
pero los deja como son,
no se investigan nuevas formas
de columpios,
no hay competencias de columpios,
no se dan clases de columpio,
nadie se roba los columpios,
la radio no transmite rechinidos
de columpios,
cada generación los pinta
de un color distinto
para acordarse de ellos,
ellos que inician a los niños
en los paréntesis,
en la melancolía,
en la inutilidad de los esfuerzos
para ser distintos,
donde los niños queman
sus reservas de imposible,
sus últimas metamorfosis,
hasta que un día, sin una gota
de humedad, se bajan
del columpio
hacia sí mismos,
hacia su nombre propio
y verdadero, hacia
su muerte todavía lejana.

¿Quieres escuchar este poema en voz de su autor? ¡Aquí está!
Poema en audio: Los columpios de Fabio Morábito por Fabio Morábito

La cancion del pirata

En secundaria, tuve la suerte de tener para la materia de Literatura a la maestra Nora. Aunque sus métodos no eran dulces, puedo decir que fue una de las materias más fructíferas para mí, pues su ella no se limitó a cumplir el temario sobre autores y estilos literarios, sino que también se hizo tiempo para darnos prácticas de oratoria y declamación. A muchos compañeros esto les fastidiaba; “total” -decían- “¿para qué nos ha de servir?, si yo voy a ser ingeniero/doctor/biólogo”. Y 25 años después apuesto que la vida les ha hecho pensar distinto.

El reto de la oratoria era principalmente para la memoria que en tan sólo un día tenía que aprender varias estrofas con entonación y compostura. Sin embargo, siempre había quien salvaba originalmente el reto: recuerdo a aquellos que acudían a las más nuevas canciones de rock en español que en aquel entonces aún no llegaba a México y “apantallaban” a la maestra con su don para aprenderse “tan bien” largos versos, declamados con toda parsimonia. ¿Cómo olvidar la felicitación tan efusiva que obtuvo un compañero cuando declamó con cara contristada la canción “En algún lugar” de Duncan Dhu, que después escuchamos por la radio?  Cierto que no tenían la profundidad de los versos de Miguel Hernández a cargo de Joan Manuel Serrat, pero era una tabla de salvación para quienes se creían imposibilitados para aprender poesía.

Pues ahora, nuevamente se redescubre la rica veta, combinación de música y reconocida poesía. Los invito a esuchar a Tierra Santa, grupo de power metal con el poema “La canción del Pirata”, del genial escritor del siglo XIX José de Espronceda. Aunque a muchos no les llame la atención el tipo de música, creo que no podrán negar la maravillosa oportunidad de difundir contenido más imaginativo, variado y de lenguaje más estructurado y pulido que el de la oferta actual. Quien sabe, en una de esas encontramos el punto de quiebre para hacer más respetable corrientes musicales como el pasito duranguense o el regetón.

Y bueno… soñar no cuesta nada.

“Canción del Pirata”
José de Espronceda

Con diez cañones por banda
Viento en popa a toda vela
No corta el mar si no vuela
Un velero bergantín

Bajel pirata que llaman
Por su bravura el temido
En todo el mar conocido
Del uno al otro confín

La luna en el mar riela
Y en la lona gime el viento
Y alza en blando movimiento
Olas de plata y azul

Y ve el capitán pirata
Cantando alegre en la popa
Asia a un lado, al otro Europa
Y allá a su frente Estambul

Navega velero mío
Sin temor que ni enemigo navío
Ni tormenta ni bonanza
Tu rumbo a torcer alcanza
Ni a sujetar tu valor

Veinte presas hemos hecho
A despecho del inglés
Y han rendido sus pendones
Cien naciones a mis pies

Que es mi barco mi tesoro
Que es mi dios mi libertad
Mi ley la fuerza y el viento
Mi única patria la mar

Allá muevan feroz guerras
Ciegos reyes, por un palmo más de tierra
Que yo tengo aquí por mío
Cuanto abarca el mar bravío

A quien nadie impuso leyes
Y no hay playa sea cualquiera
Ni bandera de esplendor
Que no sienta mi derecho
Y de pecho a mi valor

Que es mi barco mi tesoro
Que es mi dios mi libertad
Mi ley la fuerza y el viento
Mi única patria la mar

A la voz de barco viene
Es de ver como vira y se previene
A todo trapo escapar
Que yo soy el rey del mar

Y mi furia has de temer
En las presas yo divido
Lo cogido por igual
Solo quiero por riqueza
La belleza sin rival

Sentenciado estoy a muerte
Yo me rio, no me abandoné a la suerte
Y al mismo que me condena
Colgaré de alguna entena

Quizá de su propio navío
Y si caigo ¿qué es la vida?
Por perdida ya la dí
Cuando el yugo del esclavo
Como un bravo sacudí

Son mi música mejor
Aquilones el estrépito y temblor
De los cables sacudidos
Del negro mar los bramidos

Y el rugir de mis cañones
Y del trueno al son violento
Y del viento al rebramar
Yo me duermo sosegado
Arrullado por el mar

Que es mi barco mi tesoro
Que es mi dios mi libertad
Mi ley la fuerza y el viento
¡Mi única patria la mar!

El perro cojo

Cada vez que alguien me dice que sus perros son muy finos o que le han costado mucho dinero, pienso en los que hemos tenido en casa. Ninguno de abolengo. Todos llegados por azar. Algunos los encontramos a orilla del lago abandonados, otros los recibimos regalados por vecinos que querían “deshacerse” de los cachorritos de sus perros y algunos más se fueron ganando el cariño a fuerza de pura constancia en nuestra puerta. Pienso que no he tenido que gastar un peso en comprarlos y que ellos nos han regalado compañía, cariño, constancia nomás por el hecho de sentirse queridos. Finalmente, desde nuestro punto de vista, de eso se trata tener un perro: compañía, cariño y convivencia, sin etiquetarlo como “inversión”, como alguien me ha dicho del suyo.

Aquí dejo el recuerdo de Yago, el último perrito que tuvimos hace ya más de 9 años. Esta es la foto del día en que llegó a nuestra puerta. ¿Quién se podría negar a quererlo con esos ojos?

Si de algo estoy segura, es que nuestro próximo perrito será rescatado de la calle también.

También dejo aquí una hermosa poesía llena de amor perruno:


El Perro Cojo

Manuel Benítez Carrasco
Granada, 1922 — Granada, 1999

Con una pata colgando,
despojo de una pedrada,
pasó el perro por mi lado,
un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y estampa.

Nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basuras de plaza en plaza.
Cuando pequeños, qué finos
y ágiles son en la infancia,
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana,
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.
Cuando mayores, al tiempo
que ven que se fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas.

Qué tristes ojos que tienen,
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia,
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.

Yo le llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricias… o pedradas,
no en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.

Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.
Chasco los dedos; le digo:
“ven aquí, no te hago nada,
vamos, vamos, ven aquí”.
Y adiós la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta;
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.

Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta.
“¿Qué piedra te dejó cojo?
Sí, sí, sí, malhaya”.
El perro me entiende; sabe
que maldigo la pedrada,
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima.

“Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.

Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda,
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas,
yo por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas,
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada en el alma
y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: «aquí yace
un amigo de mi infancia».

Y en el cielo de los perros,
pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque
una muleta de plata.
Compañeros, si los hay,
amigos donde los haya,
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña.

Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma.
Y fueron muchas las hambres,
mucho peso en sus tres patas
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío,
como una piedra mojada,
un duro musgo de pelo,
con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquillo de escarcha.

Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de intercambios
con que curar viejas taras.

“Para ti… un rabo de oro;
para ti… un ojo de ámbar;
tú… tus orejas de nieve;
tú… tus colmillos de escarcha.
Y tú, -mi perro reía-,
tú… tu muleta de plata”.

Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas… luceros…? No,
es mi perro cuando anda…
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata.

Y Dios me hizo mujer

Gioconda Belli

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos, nariz y boca de mujer.
Con curvas y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

“Este era un rey…”

Esta poesía, de Juan de Dios Peza me lleva a recordar cuando los tres hermanos escuchábamos declamar mi Mamá. Ella lo regalaba con especial dedicatoria para mi hermano, en aquellos días en que disfrutábamos de sus maravillados ojitos cada vez que ganaba una nueva canica única y especial (a pesar de tener un bote de leche lleno de ellas) o cuando pedía que le cambiaran el “potolón” para que le pudieran poner sus botas de vaquero, peleaba como valiente héroe con su escudo de plástico intergaláctico o pasaba horas encerrado en su recámara con el vaporizador hasta que se recuperara de la bronquitis que tantos años nos tuvo de cabeza…

Hoy, que volví a encontrar la poesía me sorprende cuánta verdad hay en ella, ahora que disfruto esta etapa con mi hijo.

Aquí la comparto con ustedes:

Este era un Rey

Ven mi Juan, y toma asiento
en la mejor de tus sillas;
siéntate aquí, en mis rodillas,
y presta atención a un cuento.

Así estás bien, eso es,
muy cómodo, muy ufano,
pero ten quieta esa mano,
vamos, sosiega esos pies.

Éste era un rey… me maltrata
el bigote ese cariño.
Éste era un rey… vamos niño.
que me rompes la corbata.

Si vieras con qué placer
ese rey… ¡Jesús! ¡qué has hecho!
¿Lo ves? en medio del pecho
me has clavado un alfiler!

¿Y mi dolor te da risa?
Escucha y tenme respeto:
Éste era un rey… deja quieto
el cuello de mi camisa.

Oír atento es la ley
Que a cumplir aquí te obligo.
Deja mi reloj… prosigo.
Atención: Éste era un rey…

Me da tormentos crueles
tu movilidad chicuelo,
¿ves? has regado en el suelo
mi dinero y mis papeles.

Responde: ¿me has de escuchar?
Éste era un rey… ¡qué locura!
Me tiene en grande tortura
que te muevas sin parar.

Mas ¿ya estás quieto? Sí, sí,
al fin cesa mi tormento…
Éste era un rey, oye el cuento
inventado para ti…

Y agrega el niño, que es ducho
en tramar cuentos a fe :
«Éste era un rey»… ya lo sé
porque lo repites mucho.

-Y me gusta el cuentecito
-y mira, ya lo aprendí:
«Éste era un rey», ¿no es así?
-Qué bonito! ¡Qué bonito!

Y de besos me da un ciento.
y pienso al ver sus cariños:
Los cuentos para los niños
no requieren argumento.

Basta con entretener
su espíritu de tal modo
que nos puedan hacer todo
lo que nos quieran hacer.

Con lenguaje grato ó rudo
un niño, sin hacer caso,
va dejando paso á paso
a su narrador desnudo.

Infeliz del que se escama
con esas dulces locuras;
¡Si estriba en sus travesuras
el argumento del drama!

¡Oh Juan! me alegra y me agrada
tu movilidad tan terca;
te cuento por verte cerca
y no por contarte nada.

Y bendigo mi      fortuna,
y oye el cuento y lo sabrás:
«Era un rey a quien jamás
le sucedió cosa alguna».

Día de la ONU


L ONU by ~christo1 on deviantART

Para uno que ha vivido lo suficiente para ver que la ONU es un organismo que no ha aportado la gran cosa para resolver los conflictos e injusticias ocurridas en nuestro locuaz mundo, la fecha parece más bien superflua. Sin embargo, una sorpresa a cargo de Pascual me revolvería los recuerdos de cuando sentía que la humanidad tenía en la ONU a un fiel defensor de la paz, algo así como la Liga de la Justicia…

Justo a la mitad de la sesión del baño, con toda ceremonia dio la primicia a su papá (nota para mí: tengo que aplicarme en que identifique el momento oportuno para los grandes momentos). Los dos bajaron poco después corriendo… Pascual se plantó en el centro de la salita y desde allí su vocecita resonó fuerte y clara con la primera poesía de su vida:

“Si yo supiera hacer magia,
uno, dos y tres,
las peleas y las guerras
haría desaparecer.
Niños y niñas podrían
estudiar y aprender,
con amigos jugarían,
felices podrían crecer.
Todos conversarían
Ccn respeto y con paciencia;
unidos trabajarían
por una mejor convivencia.
Alumnos y maestras
construirían la paz,
no existiría el colegio
con violencia o desigualdad.
Si yo supiera hacer magia,
uno, dos y tres,
Muchas cosas buenas
podrían suceder.”
-Viviana Lasover

Y bueno… ¿Cómo romper el encanto? No tendría corazón. Sólo me queda desear que en algún momento la ONU sirva para algo más que servir cafés a diplomáticos, votaciones que quedan en exhortaciones y un lindo despliegue retórico.  Lo bueno es que la esperanza en la unidad de la humanidad no necesita de Organizaciones para renovar su impulso en cada generación.

Luna

La hermosa vista de la luna desde mi ventana, hoy a las 6 de la mañana:


Ame ni mo makezu

Ame ni mo makezu es un poema famoso escrito por Miyazawa Kenji, un poeta del norte de la Prefectura de Iwate en Japón. El poema fue encontrado después de su muerte en un pequeño libro de notas negro dentro de sus baúles.

Poder resistirse a la lluvia
poder resistirse al viento
poder resistirse tanto a la nieve como al calor del verano
con un cuerpo fuerte
sin ansias

Nunca dejarse llevar por el temperamento
con una alegría tranquila
comer cada día cuatro tazas de arroz integral
miso y algunos vegetales

En todo
pensar primero en los otros
ver, escuchar y entender
además, nunca olvidar
a la sombra de los pinos en los prados
estar en una pequeña choza con techo de paja

Si hay un niño enfermo al este
asistirlo
si hay una madre exhausta al oeste
ponerse al hombro los fajos de arroz
si hay un hombre moribundo al sur
decirle que no hay que temer
si hay una guerra o conflicto al norte
decir que sería mejor acabar con ello

Cuando hay sequía, derramar lágrimas
cuando el verano es frío, merodear perplejo
ser llamado imbécil por todos
no ser alabado
no ser culpado
quisiera convertirme
en una persona así


Rice field in Japan by ~pine-hill on deviantART

Fuente: Wikipedia

Hay ojos que miran – Miguel de Unamuno


When the tears are not enough
, Originally uploaded by Ali K.

Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen -risa placentera,
hay ojos que lloran -con llanto de pena,
unos hacia adentro -otros hacia fuera.

Son como las flores -que cría la tierra.
Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa,
los que están haciendo -tu mano de hierba,
me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,
me ríen rientes -risa placentera,
me lloran llorosos -con llanto de pena,
desde tierra adentro, -desde tierra afuera.

En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,
vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,
en tus ojos muero, -mi casa y vereda,
tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.

Yo lo pregunto…

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.


Gold by ~mjagiellicz on deviantART

¿Qué les queda a los jóvenes?

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿Sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
También les queda no decir amén,
no dejar que les maten el amor,
recuperar el habla y la utopía,
ser jóvenes sin prisa y con memoria,
situarse en una historia que es la suya,
no convertirse en viejos prematuros.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
Les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror,
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza,
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
También les queda discutir con Dios
tanto si existe como si no existe,
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno,
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.

Mario Benedetti


friends1 by ~madita on deviantART

Pero qué bonita está la tarde

La tarde de hoy está preciosa… el cielo azul profundo del atardecer hace resplandecer las estrellas tempraneras, espectáculo poco visto por aquí, donde -con sorpresa- hemos recibido el regalo de una lluvia tranquila, venida desde el Golfo, que ha limpiado el aire y las plantas. Tan bonito panorama me hizo recordar el poema del Maestro Sabines:

Me encanta Dios

Me encanta Dios. Es un viejo magnifico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega. Y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna y nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe de las manos.

Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero eso a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo- la vida sea para siempre.

Ahora los científicos salen con su teoría del Bing Bang… Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.

A mi me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los anbióticos- ¡bacterias mutantes!

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.
Mueve una mano y hace el mar, mueve otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja.

Dios siempre esta de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.

A mi me gusta, a mi me encanta Dios.

Que Dios bendiga a Dios.

– Jaime Sabines
1926 – 1999

Me encanta Dios (Jaime Sabines)

Me encanta Dios. Es un viejo magnifico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega. Y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna y nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe de las manos.

Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero eso a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo- la vida sea para siempre.

Ahora los científicos salen con su teoría del Bing Bang… Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes. A mi me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los anbióticos- ¡bacterias mutantes!

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble. Mueve una mano y hace el mar, mueve otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento. Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja.

Dios siempre esta de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.

A mi me gusta, a mi me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.

– Jaime Sabines 1926 – 1999

Macario Matus

Hoy escuché un programa homenaje al poeta Macario Matus, promotor cultural, crítico y defensor de los valores y  tradiciones zapotecas. Incanzable en sus esfuerzos para hacer accesible la cultura, lo mismo impulsó la apertura de bibliotecas, talleres de danza y más.

Fue  autor de numerosos libros de poesía y narrativa, y tuvo la costumbre de traducir poemas zapotecos al español y traducir a su lengua original la literatura universal. Encontré uno de sus cuentos en la publicación “La Guirnalda Polar: La Revista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá“… es breve y sustancioso. Se llama “La boda más extraordinaria”.

La boda más extraordinaria

Cuento de Macario Matus
Los ojos muy vivos de Don Lucio relampaguean cuando narra la boda más extraordinaria que una vez contempló en Juchitán. Ocurrió cuando Maurilio, apodado El Tunco, porque un avión le arrancó un brazo, contrajo nupcias con un árbol de Guiés Xhúuba, la flor que se desgrana como el maíz o el jazmín del Istmo de Tehuantepec, tal como lo conocen desde tiempos inmemoriales.

Se enamoró del olor penetrante de las flores blancas que prendían en la copa del árbol. Siempre estaba encendida de blancura la cabeza de aquel árbol. Convidó a sus amigos para la boda civil. La religiosa no se pudo llevar a efecto porque el padre Paulino, de la iglesia mayor, prohibió tal matrimonio, sólo porque el árbol no podía asistir a la ceremonia religiosa ni a las pláticas acostumbradas por el sacramento bíblico.

El árbol lucía hermosa esa mañana de primavera. Llevaba como encajes las flores blanquísimas. La enramada se instaló frente a la casa de Maurilio y la planta quedó en medio. La canasta de mimbre se llenó de presentes y monedas de oro de los amigos del contrayente. La desposada permaneció parada en su estrado de flores rojas y amarillas. Alrededor danzaba Maurilio tal un enloquecido de amor purísimo.

Han pasado los años, todo el pueblo recuerda la boda. El árbol hermoso permanece fiel frente a la casa de su marido, quien murió meses después del acontecimiento. Murió de tristeza porque el árbol jamás pronunció una palabra de amor a su amantísimo esposo

.

Para saber apenas un poco más sobre Macario Matus, pueden consultar aquí. ¡Cuantos como él necesitamos en México!

Preguntas

¡Escríbeme qué llevas puesto! ¿Es cálido?
¡Escríbeme en qué duermes! ¿Es también blando?
¡Escríbeme qué aspecto tienes! ¿Sigue siendo el mismo?
¡Escríbeme qué echas de menos! ¿Mi brazo?
¡Escríbeme cómo te va! ¿Te respetan?
¡Escríbeme qué andan haciendo! ¿Tienes bastante valor?
¡Escríbeme qué haces tú! ¿Sigue siendo bueno?
¡Escríbeme en qué piensas! ¿En mí?
La verdad es que sólo tengo preguntas para ti,
y espero con ansiedad la respuesta.

Cuando tú estás cansada, nada puedo llevarte.
Si pasas hambre, no puedo darte de comer.
Así que estoy como fuera del mundo, perdido,
como si te hubiese olvidado.

-Bertolt Brecht