Solo respira

La ira es una de las emociones que pueden meternos en serios problemas. Es muy importante que los niños y los adultos aprendamos a vivirla y disiparla de manera constructiva.

Esta es una manera efectiva:

Oración para hoy

He escuchado una de las oraciones más bonitas y no pude resistir las ganas de compartirla aquí con ustedes:

Señor:
El pasado a tu misericordia.
El futuro a tu providencia.
El presente a tu amor.
Tu sabes Señor, que lo único que tengo es el día de hoy para amarte y por ti a quienes me has dado.

Nuestro cielo mexicano
Nuestro cielo mexicano

Misterios

Triste es el destino de aquel que muere conocido por todos pero siendo un misterio para él mismo.

– Francis Bacon

Foto: Unsplash. http://pixabay.com/es/solo-lago-tierra-pensamiento-480474/
Foto: Unsplash. http://pixabay.com/es/solo-lago-tierra-pensamiento-480474/

En los zapatos del otro

Hablar sobre la violencia en México resulta siempre difícil porque -aunque sea inconscientemente- gran parte de la población ha desarrollado -por miedo quizá- una barrera ante la noticia de miles de casos terribles que ocurren en nuestro país a gente inocente. Tristemente es más fácil sentir que a quienes les ocurrió la desgracia son personas imaginarias, inexistentes sólo porque no cruzaron su camino con el nuestro. Hay quienes prefieren reducir el problema a un simple dato estadístico, lo que es más difícil porque 60, 80 o 100 mil muertes (según diferentes conteos) no pueden ocultarse “bajo la alfombra nomás” o aquellos sin entrañas que desearían que nadie alzara la voz para no espantar a esos siempre “huidizos” capitales extranjeros, a pesar de que callar significa perpetuar el ciclo violento.

Y comprendo por qué lo hacen así: ver este problema desde el punto humano implica comprometernos para parar esta escalada de deterioro social.

Pues este no será el caso.

Hay gente, como tú o como yo, cuya única desgracia fue estar en el lugar y momento equivocados y fueron víctimas… no sólo truncaron su vida con angustia, soledad, dolor, sino que -por cada uno de los asesinados (sí, suena fuerte, pero “esa” es la palabra precisa) muere una familia. Padres que no volverán a recibir una llamada o un abrazo de sus hijos, niños que no oirán ni sentirán jamás el calor de sus padres; hermanos que dejaron inconclusas entrañables historias y prometedores futuros; primos que ya no compartirán tardes de juego y amigos que no volverán.

Te felicito por llegar aquí. La gran mayoría habrá desertado a este punto, porque ¿para qué interesarse en tragedias que no son de uno?

Y justo ese es el caso: Cada una de las muertes sinrazón ES TRAGEDIA NUESTRA. Porque aquí vivimos, porque este es nuestro México, porque si no hacemos nada por pararla tarde o temprano llegará a nuestra familia, porque -si no ponemos un alto como comunidad- el deterioro social estará presente en cada uno de los aspectos en que se desarrollen nuestros hijos a futuro, porque no merecemos vivir con miedo y porque nadie va a parar esta sinrazón de manera pacífica y organizada si no lo hacemos nosotros. Escuché hace poco a alguien que decía que no podía hacer nada al respecto, porque no era político ni dirigente… y esa es justamente la paradoja…

¿Y cómo lo haremos?

Desde donde empieza toda sociedad: por la familia misma.

La paz, esa escurridiza meta.
Muchos dicen que la paz no es el estado natural del hombre y que a lo largo de la historia siempre existió la violencia.  Y -pregunto- penar así ¿nos hace mejores? ¿tenemos entonces que conformarnos con vivir en la violencia? Pues la paz cuesta trabajo y -obvio- tenemos que aplicarnos todos. Empieza con actos tan pequeños como no dejar pasar actos violentos como algo normal, cuidar el lenguaje en la casa, apoyar a los demás y fomentar la empatía en los pequeños.  Creo que -aunque haya sido práctica antigua- no esta bien regalar a los niños juguetes bélicos ni permitir que vean películas con contenido violento. ¿Por qué dejarlos viendo cómo se aniquilan unos contra otros (aunque sean los malos) en lugar de exigir como consumidor de productos visuales contenido de mayor calidad, con mayor exigencia de recursos intelectuales al televidente? Sí, sé que en muchísimos hogares mexicanos la TV ha pasado a ser la siniestra cuidadora de los niños porque ambos padres trabajan pero aún así ¿cómo esperar niños que den prioridad a opciones pacíficas si se les adoctrina todo el día con salidas fáciles, violentas, ilógicas, que perpetúan el consumismo ante todo para sentirse “realizados” como personas?

La verdad
La verdad puede ser fría, dura, trise, pero es la verdad y hay que vivirla. ¿Cómo exigir cuentas claras a nuestros hijos, parejas, jefes, padres, si no se dan al 100% por nuestra parte?

La honestidad
¿Que te pasaste el alto? Pide la multa y no caigas en la corrupción. ¿Que llegaste tarde?Pide disculpas SIN EXCUSA ALGUNA y haz un compromiso genuino personal con la administración de tu tiempo para cumplir los compromisos.

Claro, es difícil.

Para saber más:

Violencia y bisquets

El día de hoy a las 8.30 fuimos a cenar al restaurante Bisquets de Obregón sucursal Coacalco con el afán de iniciar un fin de semana tranquilo. En las pantallas se exhibía vía TNT la película “Wanted”, clasificada como apta para mayores de 16 años pues el contenido es altamente violento. Dada la hora, el restaurante estaba casi lleno con concurrencia familiar, por lo que solicité cambiaran la película. Pienso que no les agradó mucho mi petición porque pusieron a Dora la Exploradora, lo que suena como irónico después de tanta sangre derramada por la anterior programación. Aun siendo el caso, prefiero el programa infantil mencionado cuando hay niños presentes que películas que hacen apología de la violencia.

No, no crean que me “espanto” por ese tipo de películas. Gustos hay para todo. Pero lo que no creo sano es que mientras los niños juegan en la zona recreo del restaurante puedan ver perfectamente cómo sin el menor estremecimiento se hace gala de sangre y violencia. Creo firmemente que la mejor manera de fortalecer la violencia es hacerla pasar como algo “normal”, algo a lo que “hay que acostumbrarse”. Porque de allí se desprende la peligrosa idea de “si no me pasa a mí, no interesa” trivializando la violencia extrema y la eliminación de los principios de solidaridad, empatía y compasión. ¿Con qué cara se le dice a los hijos que pelear está mal, si el niño atestiguó en la cena cómo los padres no quitaban ojo de la escena en donde a una viejita -colgada en ganchos de carnicero por los hombros- le ponían limpiamente una bala en la cabeza?

De esta situación derivo los siguientes pensamientos:

1) ¿Cómo es posible que el local estaba casi lleno, varios niños presentes y NADIE puso reparo sobre la película antes que yo? Digamos que llegamos a la mitad de la misma, cuando ya varios litros de sangre habían sido vertidos y presenciados por la concurrencia mientras saboreaban sus bisquets con mermelada y su café lechero. ¿Qué piensan los padres que dejan que sus hijos presencien cualquier tipo de violencia con el pretexto de que “sólo es una película”? ¿Qué pasa con el sentido común? ¿O será que aún en estos casos cotidianos la gente prefiere no expresar su descontento para no sentirse “fuera de lugar”? Total… ¡si lo está viendo todo el mundo y nadie hace nada! ¡Si es sólo una película!

2) ¿No se le habrá ocurrido a la cadena de franquicias contar con un lineamiento de programación, aún sabiendo que la mayoría de ellas cuenta con pantallas? ¿Pensará -como tantas empresas de medios en México- que mientras más violencia más “rating”? Porque o se confía ciegamente en el sentido común (en este caso inexisente) de quien elige la programación o de veras piensa que la comida se antoja más con salsa de hemoglobina…

3) Por si lo anterior no fuera poco, considerando la violencia extrema que enfrenta nuestro país, ¿no es tiempo de darnos cuenta que depende de nosotros mismos enseñar a nuestros hijos que la violencia no es algo normal ni aceptable? ¿Qué acaso no recordamos que hace 30 años jamás hubiéramos creído ni en nuestra peor pesadilla que 50 mil de nuestros compatriotas morirían a manos del crímen en tan sólo 4 años y -en la inmensa mayoría de los casos- tales actos aberrantes quedarían impunes?

Creo que la paz se construye empezando por nosotros mismos y que es muy difícil que eche raíces en corazones que se acostumbran a ver actos violentos como una “distracción y entretenimiento”, aunque sean ficticios.

Recordando una canción de León Gieco: Sólo le pido a Dios que el dolor/lo injusto/la guerra no me sea indiferente.

En el silencio caben todas las palabras

¡No más sangre!

Cada muchacho que muera es nuestro hijo. No queremos un muchacho más destruido.

¡No más sangre!

Juntos

Debemos aprender a vivir juntos como hermanos o a perecer juntos como tontos.

– Martin Luther King Jr.