Todos somos migrantes, de alguna u otra manera. Por esto, “Nada particular” es una canción para todos.

Vuelo herido y no se adónde ir
Con la rabia cansada de andar
Me han pedido que olvide todo
En fin nada particular

Una vida y volver a empezar
No te pido una patria fugaz
Dignamente un abrazo
En fin nada particular

Canta y vuela libre
Como canta la paloma
Canta y vuela libre
Como canta la paloma

Dame una isla en el medio del mar
Llámala libertad
Canta fuerte hermano
Dime que el viento, no, no la hundirá

Que mi historia no traiga dolor
Que mis manos trabajen la paz
Que si muero me mates de amor
Nada particular

Canta y vuela libre
Como canta la paloma, nada particular
Canta y vuela libre
Como canta la paloma, nada particular

Canta y vuela libre
Como canta la paloma, nada particular
Canta y vuela libre
Como canta la paloma

Dame una isla en el medio del mar
Llámala libertad
Canta fuerte hermano
Dime que el viento, no, no la hundirá
Llámala libertad
Canta fuerte hermano

Autores:
SIMON TOULSON-CLARKE, MIGUEL BOSE

Por casualidad encontré este valioso testimonio sobre las mujeres de la población La Patrona y la manera en que ayudan a los hermanos migrantes que siguen su sueño hacia Estados Unidos. Para mí, estos son los testimonios que me dan oxígeno entre tanta realidad desalentadora… La humanidad tiene esperanza.

A pocos minutos de mi casa se encuentra una de las rutas más transitadas por los migrantes hacia Estados Unidos. Cuando pasamos por el camino que yace junto a la vía, frecuentemente nos topamos con ellos y es común que pidan dinero o comida para continuar su fatigoso viaje. En ocasiones hemos encontrado hasta familias completas en donde el hijo menor tiene apenas 4 o 5 años de edad. Generalmente las personas que pasan no son indiferentes y les dan algo; considerando que la zona en donde vivo no es de recursos mayores, sino quienes vivimos directamente de un salario modesto, pues es notable que hay solidaridad con ellos.  Vienen principalmente de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Eventualmente encontramos a niños solos que siguen el viaje, tan pequeños como de 8 años, que siguen a pesar de todo con el plan de cruzar el río y encontrar a algún pariente que los acoja y les permita cambiar su destino…

Veo su piel curtida por el sol inclemente y descubro ojos que reflejan cansancio, desgaste y una ferrea esperanza de llegar a su destino. Algunos ya van muy delgados, con apenas nada para pasar la noche a la intemperie. Por cada moneda que reciben sólo pueden regresar un “Que Dios te lo pague hermano”, pues están en una tierra ajena, sin conocido alguno y sin mas que su ropa gastadísima y alguna mochila flaca en la que guardan sus escasas pertenencias. Sólo Dios sabe cuánto deben pensar en la esperanza de sobrevivencia de su familia como para no volver sobre sus pasos.

Al ver con cuánto tesón se aferran a su plan veo cuán humanamente injusta es la ley anti-inmigrante de Arizona. ¿Qué no es Estados Unidos un país fundado por inmigrantes? ¿Qué acaso los propietarios originales de América, las tribus originarias, trataron tan mal a los colonos inglesos? No.  De hecho, justo por eso tienen -como uno de las fechas más importantes para ellos- el famoso “Día de Gracias”, cuando recibieron ayuda desinteresada de los indígenas en auxilio a su desesperada lucha por la sobrevivencia.

¿De qué se ha nutrido la sangre de los Estados Unidos sino de la energía y entrega de migrantes que van en busca del tan cantado “sueño americano” y que -aparentemente- a los estadounidenses da tanto orgullo? ¿No dicen tener lo más granado de la humanidad al dar cabida a cualquier humano que desee trabajar honradamente y dar lo mejor de sí para su nueva patria? Por si fuera poco, el hecho de que esta ley de carta blanca arevisiones sólo por el color de piel o el aspecto de las personas la hace ser una aborrecible descendiente de los sistemas de selección Nazi que tanto dicen odiar.

Sólo cierro esta reflexión con el poema de Emma Lazarus, cuyo poema fue el elegido para acompañar la Estatua de la Libertad como bienvenida a miles de refugiados y migrantes que pisaban por primera vez el suelo estadounidense:

EL NUEVO COLOSO

No como el gigante de bronce de la fama griega
De conquistadores miembros a horcajadas de tierra a tierra;
Aquí en nuestras puertas del ocaso bañadas por el mar, se yergue
Una poderosa mujer con una antorcha, cuya llama
Es el relámpago aprisionado, y su nombre,
Madre de los exiliados. Desde su mano de faro
Brilla la bienvenida para todo el mundo; sus apacibles ojos dominan
El puerto de aéreos puentes que enmarcan las ciudades gemelas,
“¡Guarden, antiguas tierras, su pompa legendaria!” grita ella
Con silenciosos labios. “Dame tus cansadas, tus pobres,
Tus hacinadas multitudes anhelantes de respirar en libertad,
El desdichado desecho de tu rebosante playa,
Envía a estos, los desamparados que botó la ola, a mí
¡Yo alzo mi lámpara detrás de la puerta dorada!”

Bien sé que mi esfuerzo es nada, pero a partir de hoy daré prioridad en mis compras (pues tal parece que es el único idioma que entienden los primos estadounidenses) a cualquier producto antes del estadounidense. No vaya a ser que el dinero que he ganado con esfuerzo mexicano también les parezca ilegal o repugnante.

Todos somos clandestinos en un universo que no nos pertenece…