Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore

La vida en los libros

Al leer un libro, siento que por un momento puedo ser alguien distinta, descubrirme en otra realidad y -por un momento- olvidarme de mi vida para asumirme en otra. Escuché en algún lugar que si la gente leyera más aumentaría su nivel de tolerancia, pues leer es justo un ejercicio para practicar la “otredad”, condición hermana de la empatía.

¡Qué gran fortuna es poder vivir más vidas!


This Is Where We Live from 4th Estate on Vimeo.

Lectura en compañía (forzada)

Hace mil años, cuando iba a la Universidad, tomaba mi transporte a las 5.30 de la mañana y abría mi libro para hacer menos largo el camino. Se necesitaba de una prodigiosa concentración -que a fuerza de viajes fui logrando- para adentrarse en el contenido y no distraerse con la vida misma que pasaba alrededor, tironeando de las hojas para hacerle caso sin concesión alguna.

Seguro a todos les ha pasado alguna vez: Cuando al (la) vecino(a) de butaca no le daba un acceso de tos que me hacía dudar si iniciar con los primeros auxilios, tenía sueño de reserva que le llegaba a raudales a los 10 minutos de sentado(a) y ponía a prueba la elasticidad de su cuello, incluía de aquellos estorbosos walkmans para proporcionar música de fondo a los acompañantes, o de plano lográbamos sintonizar nuestras almas en el terror comunitario pues el chofer resultaba todo un Fitipaldi y -como en el caso de aquel que todos llamaban Pirata, por sospechosas razones- hacía que entráramos en un tunel del tiempo para llegar tan sólo 50 minutos a nuestro destino, en lugar de los 90 minutos reglamentarios.

En fin, no me desvío más… Dejo un regalito dominical para aquellos que -como yo por 4 años- tuvimos que practicar el discreto arte de leer en compañía.