El niño del tambor

Encontré esta hermosa versión de El Niño del Tambor de Pentatonix.

Esta canción me recuerda cuando las Mamás de nuestra calle organizaron un coro de Navidad poblado de emocionados chamaquitos de 5 a 10 años que daban por segura su amistad para toda la vida. Lo pacientes que tuvieron que ser para llevar a un rebaño de ovejitas dispersas y correlonas para enfocarlas en un objetivo claro: festejar la Navidad y comprobar lo tanto que significa esta fecha cuando hay espíritu amoroso y divertido en comunidad.

La magia de su empeño logró que una muchacha vecina también participara tocando su querido acordeón y al escucharla se animaran otros guitarristas a salir; así, la música sonaba cada vez más bonita… Por nuestra parte, los niños nos comprometimos a fabricar nuestras sonajas con corcholatas aplanadas en un aro.

Al final, a alguien se le ocurrió rescatar un viejo tambor que recogía polvo en algún ropero. Y me atrevo a decir que esta fue su más feliz aparición -aunque supongo que le implicó serias dudas existenciales- ya que, aunque fue fabricado para una banda de guerra, sonaba espléndido floreciendo notas de paz.

“El Niño del Tambor” me enseñó que con amor y en comunidad se pueden crear momentos felices que duran para siempre. Que el dinero no compra la alegría, solidaridad y armonía, y que un corazón agradecido es el mejor tesoro que alguien puede ofrecer.

Y… “Cuando Dios me vió tocando ante El me sonrió”.