¡Qué sorpresa!

Ayer tuve  la sorpresa de la década… ¡Una fiesta sorpresa en Xochitla!

Y bueno, ¿cómo no? si estaba mi familia, una deliciosa selección gastronómica a cargo de Sabor Sin Límite que se lució con la variedad de postres, bicicletas para todos, esferas rodantes y un bungee de 8 metros.

La disfruté muchísimo y quedan las fotos como testimonio de los valientes que rebotaron varios metros.

¡Gracias a todos! Están en mi corazón

Con cariño,

Yo.

¡Feliz cumpleaños!

Afortunadamente, el año guarda importantes fechas para festejar, lo que nos permite descansar de nuestro viaje. Es entonces cuando podemos parar un momento, ojeamos el mapa de vida, vemos el paisaje y pensamos en lo recorrido mientras disfrutamos de la sombra del árbol, sentimos el aire en la cara y le damos una buena mordida a la manzana que llevamos en la mochila. Sentimos entonces de golpe lo dichosos que somos de estar vivos, sanos y con el corazón alegre.

Hoy es para mí una de esas fechas.

Cierro los ojos y puedo escuchar el río a donde nos llevaba a nadar cuando apenas teníamos 3 años; bajo las escaleras corriendo en Reyes y encuentro nuestras bicicleta compradas con tanto trabajo; aspiro profundamente y descubro el aroma de los frijoles con su “receta secreta” recién inventada cuando Mamá se fue al hospital; me siento independiente y nos veo cómo vamos los cinco caminando por Creel con nuestras mochilas en la espalda; llega el calor y lo imagino mojándonos con manguera como emergencia ante los 40° en Villahermosa; veo la carretera por la noche y encuentro sus explicaciones sobre radiofrecuencia camino a Xalapa; siento su abrazo cuando le digo que quiero cambiar de carrera y lo escucho diciéndome proféticamente que “habrá un día en que el diseño se haga mediante computadoras”; abro la puerta de la oficina y lo encuentro en su escritorio revisando un mapa con áreas de cobertura; doy vuelta a una calle y nos vemos perdidos en una estación extranjera, muertos de frío y amarrados a nuestras mochilas; paso por un hospital y encuentro la hidalguía con que ha encarado el reto de la salud; veo su sombrero café y me doy cuenta que estamos con él y mi hijo junto al lago; tengo una ráfaga de nostalgia y lo siento en casa, con sus mil artilugios deslumbrantes para disfrutar las sorpresas que el ingenio humano a preparado, con ojos de niño sorprendido y feliz cada vez que descubre una nueva aplicación.

Tengo la insondable fortuna de tener un Papá tan entrañable, tan inteligente, tan innovador, tan querible, tan generoso, tan trabajador, tan él. Es un Papá justo como el de mis sueños.

Y por todo lo anterior, no me queda sino dar el siguiente anuncio:

¡”Danzóooon dedicadooooo a mi Papá en este gran día”!:
(No es por presumir, pero mi papá se ve mucho más joven que el señor del video… )

Hace dos años, de madrugada

Hoy, justamente a las 5.15 de la mañana hace dos años se abrió el telón para la aparición de Pascual en nuestra vida. Después de casi 9 horas de ires y venires, pues nada… el Doctor decidió que lo mejor era rescatarlo. Después de tanto esfuerzo, recién pasada por el bisturí, te ví por primera vez: tan precioso como sólo una mamá puede ver a su hijito (bueno, para ser precisa, la guapura era  evidente, hasta para los que no eran tus papás).

Desde entonces, la alegría, el miedo, la felicidad, las precauciones, el orgullo y tantas otras emociones nos han acompañado día y noche, haciendo de nuestra vida una aventura estupenda e inolvidable.

¡Gracias a Dios por tí, hijito!

Aquí pongo un pedazo de película que me recuerda mucho la emoción del Rey de nuestra casa al ver a su pequeñito recién nacido:

“Pero yo los quiero más…”

Ví este cortito de Pocoyó (me los tengo que recetar a petición -por decirlo de alguna manera- de Pascualín) y me acordé irremediablemente de los cumpleaños de mis papás cuando éramos niños. Pobrecillos, las que tenían que pasar ¡y por tres!

Ahora que mis huesos suenan…

La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que uno es joven.
-Oscar Wilde