Descafeinada

Y bueno… lo que tenía que pasar. Después de disfrutar el aromático, delicioso, amargo, profundo, hogareño y tentador, café he tenido una llamada de atención a mi propio cargo. Por un laargo rato, tendré que dejarlo de lado y extrañarlo en las mañanas. Pero ¿qué le voy a hacer? La gastritis no perdona.

Tal vez (sólo tal vez) en su ausencia descubra lo dulce y paciente que soy sin cafeína.

El café de mis recuerdos

En mi familia el café ha sido una tradición…

Uno de los más memorables para mí es el de mi Bisabuelita que se empeñaba a sus 93 años en cuidar las plantas, cosechar los granos, secarlos al sol, quitarles la cáscara, tostarlos, molerlos y luego disfrutarlo religiosamente después de comer, afuera de su casa, viendo cómo pasaba la vida debajo del cerro en que vivía, disfrutando el paso de la tarde al elástico ritmo de provincia.  Imagínen lo bueno que habrá sido, que cuando sueño con ella vuelvo a hundir la nariz en su sueter verde de lana que me picaba un poco al abrazarla cuando niña y vuelvo a respirar profundamente ese aroma irrepetible.  Ha sobrevivido único, inigualable, inconfundible, a más de 30 años de separación terrena, tal vez más nítido que el sonido de su voz.

Otro sabor de café memorable para mí es el que preparaba mi Tía Mago aquellas raras ocasiones en que visitábamos a mis 9 primos. Con canela, leche rebajada y una estupenda plática ruidosa que se armaba en una mesa en donde lo que abundaban eran cabecitas. Era de lo más divertido y no queríamos que terminara nunca.

Un café amargo y cargado pero muy bien soportado fue el que  disfrutábamos taza tras taza en Sanborns cuando éramos novios y no porque nos gustara tanto, sino porque era el único lugar en donde servían de continuo dejando como rastro en la cuenta un solo café, lo que era una bendición para la economía bastante apretada de estudiantes con trabajo de medio tiempo y con tantas ganas de platicar. La juventud estaba de nuestra parte ¿quién se preocupaba por la descalcificación, el estrés, los problemas de riñón y gastritis provocados por tanta cafeína?

Hoy el tiempo ya me empieza a pasar la factura. Tal vez ha llegado para mí el momento de bajar un poco mis dosis diarias de café, pero nada me hará cambiar la sensación -al percibir su aroma- de que de alguna manera he llegado a casa.