Organización civil

Autogestión

Recuerdo aquel lejano día día en que la concentración de personas en el zócalo en el Distrito Federal era inmensa. Tanta, que al terminar el evento temí por que la gente al querer irse rápidamente colapsara las estrechas callecitas y se diera algún tipo de accidente por avalancha humana.

Ante la ausencia de autoridades, de pronto un joven de unos 20 años se subió a una de las columnas en la esquina de la calle principal y empezó a organizar al contingente de una manera muy sencilla y efectiva: inició el conteo en voz alta hasta el número 15 para que las personas que llegaban por la derecha pudieran pasar, mientras que los que se aglutinaban a la izquierda esperaban; al instante, quienes allí estábamos comprendimos la mecánica y acto seguido él y la multitud contaron nuevamente hasta 15, pero ahora para permitir a quienes llegaban por la izquierda pudieran salir sin problemas.

El procedimiento se repitió hasta que la plaza estaba completamente vacía. Ese día, gracias a un joven propositivo y preocupado por la comunidad conocí la maravillosa, espontánea y sencilla autogestión.