De molcajetes y tejolotes

Pueden haber muchas salsas prácticas porque se compran en lata o se preparan en un pis-pás en la licuadora, pero difícilmente su sabor competirá con las preparadas en molcajete…

Probablemente, si eres de las personas que tiene uno en casa, cediste a la tentación de regatear el precio con el vendedor. Es cierto que en algunas ocasiones puede parecernos alto, pero -si consideras- que es muy probable que te dure toda la vida (sin exagerar), que difícilmente otro método de molido le dará tan estupendo sabor a tus salsas, además del trabajo que ha costado al artesano fabricarlo, verás que tu inversión vale la pena.

Aquí te cuentan cómo el artesano ha creado el molcajete que tienes en tu cocina:

Dato curioso:
Toda la vida yo llamé “mano” a la piedra de moler y hasta hoy descubro que también se le llama tejolote, temolote, temanchín o temachín.

Cuando compres el tuyo (si es que aún no lo tienes), recuerda que hay que “curarlo” para asegurar que no se vaya alguna piedrita o polvo en tus primeras salsas… verás que valdrá la pena.