Mi debilidad: los árboles

Significan tanto para mí…

Nuestro árbol

Pues sí… ha llegado abril con todo su infinito chorro de luz y calor; buscamos un sitio para descansar con sombra y nos encontramos con que cada vez el gris del pavimento le está ganando la batalla. ¿Será que la gente prefiere más la sombra que dan los edificios que la fresca sombra de un árbol, que trae consigo el disfrutable sonido de sus hojas mecidas por el viento, pájaros, frescura y algunas veces hasta flores?

Recuerdo que hace más de 25 años que nos encantaba acompañar a mi Mamá a comprar la despensa porque para llegar teníamos que cruzar una zona deshabitada en donde crecían girasoles, amapolitas y un frondoso pasto verde que invitaba a jugar, refrescarse y descansar.  Lo que más me gustaba, era un viejo y enorme pirul, viejo y lleno de vida que guardaba entre sus troncos un columpio que alguna buena persona dejó para el disfrute de todos. Para mí resulta difícil pensar en que alguna otra llanta usada en el mundo pudiera dar tanta alegría.

Los años han pasado a montones y hace algunos ya no vivo por la zona. Sin embargo, hace unos meses que volví a pasar por allí descubrí con azoro que ya no existe más nuestro árbol. Han cavado 25 metros para construir el mega-estacionamiento subterráneo de un gran centro comercial de varios pisos.  Yo creo que el que manejó la máquina para eliminar un ser tan vivo no habrá tenido ni idea de cuántas tardes nos regaló ese arbol, ni cuantos juegos escuchó, ni a cuántos caminantes cobijó con su sombra.

Sé que resulta romántico tratar de parar el crecimiento económico con el pretexto de defender la vida de un árbol. Y qué le voy a ser… soy así. Por eso, en memoria de aquel pirul que nos dió tanto a disfrutar, me propongo sembrar 5 árboles más este año. Y otros más el próximo… Y más después.

Es muy seguro que no me alcance el tiempo para ver a alguno de ellos tan enorme como el de mis recuerdos, pero -con suerte- alguno crecerá lo suficiente para ser el sostén de columpios para otros.