¡Ya llegó Abril!

Me asomo a la ventana y veo un chorro de luz hermoso, lleno de esperanza. Veo a los niños llenos de vida y futuro, a pesar de todo, como el antídoto infalible contra la desesperenza.

Tal vez en el fondo soy como esa paloma de jardín que vive en la canción de La Perinola.

Los brillantes días de abril

Este fin de semana ha sido el más caluroso del año… El sol implacable y la ausencia de la más minúscula nube ha hecho imposible salir a pasear a medio día, pero nos han obsequiado unos atardeceres de fábula: tibios, claros, con aire fresco, ideales para pasear por el parque y enseñar a Pascualito a chutar en el aire o sacar su mesita al jardín para colorear con crayolas.

Hoy me gustaría -después de ir a pasear-  cerrar el día como Dios manda, disfrutando el techo de estrellas cortesía de estos días despejados, con la resplandeciente luna cachetona y una paleta de limón, mientras vemos a los niños jugar en la calle.


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Hoy el día está hermoso

Después de varios días de tardes grises con vientos polvosos, el cielo luce un espléndido color azul y el calor invita a quitarnos -por fin- tanto abrigo. Por fin las plantas de mi balcón se desperezan y empiezan a brotar timidamente hojas nuevas para reponer otras tantas que pusieron la cara -aunque fuera marchita- para soportar valientemente los rigores del frío y viento seco. Hoy me tomó por sorpesa una irrefrenable gana de vivir.

Y todo esto me recuerda una de mis canciones preferidas, de la cual pongo la letra para que “Ya-sabe-quién” pueda leerla y disfrutarla también:

Como esperando abril
(Silvio Rodríguez)

Mucho más allá de mi ventana,
las nubes de la mañana
son una flor que le ha nacido a un tren.

Un reloj se transforma en cangrejo
y la capa de un viejo
da con una tempestad de comején.

Mucho más allá de mi ventana
algodones jugaban a ser un jardín,
en espera de abril.

Luego entro, los ojos
chorreando esa luz de infinito,
y es cuando necesito
un perro, un bastón, una mano, una fe.

Y tú pasas tocando
el frío con suave silencio,
y ciego te sentencio
a que nombres todo lo que ahora no sé.

Mucho más allá de mi ventana
mi esperanza jugaba a una flor,
a un jardín,
como esperando abril.

(1974)