Me ha parecido bastante original y oportuno este comercial en defensa de nuestro idioma.

Para esta tarde de lluvia:

 

Y para los Psicólogos en su día:

¡Felicidades!

🙂

¿Te imaginas cómo sería un mundo sin maestros? ¿Qué sería tu vida sin maestros? ¿Recuerdas cómo cambió tu vida tu mejor maestro?

Va esta canción para todos los que añoramos aquellos años en que nuestra única preocupación era que la cometa no se cayera, que durara lo más nuestro color dorado, que la mamá tardara en llamarnos a casa cuando jugábamos con los amigos, que nos alcanzara el ahorro para comprar un juguete, que encontráramos algún valioso objeto perdido en nuestra misión a la jungla, el espacio, o el mar dentro de la misma calle, que no se nos perdiera el peso atesorado en la bolsita o que la Mamá nos hiciera el postre preferido como sorpresa, que el Papá escuchara nuestras aventuras de la escuela.

Soy afortunada. Mi niñez ha sido muy feliz y la llevo en mi corazón como un hermoso lugar para descansar y calentar mi ánimo, como talismán que me protege de la desesperanza.

Tantos años han pasado, y el mensaje sigue siendo el mismo:

José María Cumbreño tiene toda la razón #poesíanecesaria #poesíatodoslosdías #poesía

Una foto publicada por eva hiernaux (@evahiernaux) el

Esta canción me recuerda ¡tanto! cuando Pascualito era bebé, apenas descubriendo el mundo con esos dos ojitos brillantes y hermosos.

Una foto publicada por Nina Malone (@realpolyester) el

Me encantó esta campaña que educa contra los prejuicios sexistas. Aquí va:

¿Les he contado cuantísimo me gustan los Beatles?

¡A vivir felices!

Me encantó este mensaje de respeto hacia todos nuestros hermanos humanos.

Apenas alcanza el metro y cada peca de su cara redondilla y temblorosa de frío brilla de felicidad, metida hasta la cintura en un arroyo claro, a la sombra de los árboles. Se asombra de cuántos pececitos grises ve en el fondo del agua, cómo nadan y parecen buscar -como ella- cada rayo de sol de esa mañana de verano. Arriba, las blancas nubes navegan su propio mar, con las velas hinchadas y luminosas.

Entre tanta vida, apenas escucha la algarabía de los más grandes, que juegan columpiándose de un árbol hasta tomar suficiente valor (o encontrar el límite de la fuerza) para caer en un chapuzón alegre a mitad del río en medio de las risas.

¡Cuánto daría porque el tiempo se detuviera allí, rodeada del cariño familiar, sabiéndonos parte de la naturaleza plena y con la seguridad de estar vivos!