Antes de entrar en el desierto,
los soldados bebieron largamente el agua de la cisterna.

Hierocles derramó en la tierra
el agua de su cántaro y dijo:
“Si hemos de entrar en el desierto
ya estoy en el desierto.
Si la sed va a abrazarme,
que ya me abrace”.
Ésta es una parábola.

Antes de hundirme en el infierno,
los lictores del Dios,
me permitieron que mirara una rosa.
Esa rosa es ahora mi tormento
en el oscuro reino.

A un hombre lo dejó una mujer.
Resolvieron mentir un último encuentro.
El hombre dijo:
“Si debo entrar en la soledad,
ya estoy solo.
Si la sed va a abrazarme,
que ya me abrace”.
Ésta es una parábola.

Nadie en la tierra tiene el valor de ser ese hombre.

Jorge Luis Borges

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