El amor no tiene etiquetas

Sé que esta entrada hará que más de uno levante sus cejitas. El México del siglo XXI aún tiene mucho que recorrer para aceptar que el amor es amor viniendo de quien venga y yendo hacia donde vaya. Sé que me dirán -como alguna vez lo han hecho- que el amor entre parejas del mismo sexo es algo contra natura que destruye las “buenas costumbres” de la sociedad.

Y aquí cabría pensar en que la sociedad de “buenas costumbres” ha permanecido impávida ante la masacre de millones de sus propios hijos en las guerras, no ha hecho mucho por proteger a los grupos minoritarios en desventaja (de haberlo hecho, sus desgracias serían mucho menores) y ha brillado por su ausencia en el intento de comprender y aceptar a quienes son diferentes al común denominador en lo que a creencias religiosas, científicas, culturales, raza, nivel socioeconómico y más se refiere.

Las relaciones que se afianzan con el detrimento de alguna de las partes, no son de amor ni sanas y no importa si son entre personas del mismo o distinto sexo.  El amor es constructivo, el amor protege, el amor nutre, el amor perdura.

Después de vivir tantos años en una sociedad en donde cada día es más común ver actos de violencia, odio e intolerancia, creo que hay que dejar que el amor reconstruya los tejidos rotos de nuestra sociedad. No apelo a la tolerancia, ya que “tolerar” significa “soportar” lo diferente; yo me inclino más bien por la aceptación de que cada quien debería ser libre de manifestar su identidad siempre y cuando no vulnere los derechos de los demás.

Creo que la humanidad sólo podrá salvarse por el amor.