Impaciencia

¿Quién no ha sentido la enorme emoción de dar un obsequio?

Y por supuesto no me refiero a los comprados, sino a los que uno ha hecho con cariño. En estas fechas recuerdo que contábamos los días mis hermanos y yo para hacer las tarjetas de navidad que regalaríamos a nuestros amigos y familia. Eran de cartón, pintados con acuarela y plumones y cada uno era distinto. Sí, o sé seguro que no eran espectaculares o tan “perfectos” como los que venden por millares en los almacenes, pero de que llevaban nuestro corazón impreso, de eso no hay duda..

Y es cierto lo que dicen: Nadie te puede quitar lo que diste…

Un abrazo y ¡Feliz Navidad!