Descafeinada

Y bueno… lo que tenía que pasar. Después de disfrutar el aromático, delicioso, amargo, profundo, hogareño y tentador, café he tenido una llamada de atención a mi propio cargo. Por un laargo rato, tendré que dejarlo de lado y extrañarlo en las mañanas. Pero ¿qué le voy a hacer? La gastritis no perdona.

Tal vez (sólo tal vez) en su ausencia descubra lo dulce y paciente que soy sin cafeína.

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