Violencia

El día de hoy me he levantado muy temprano a trabajar. Al abrir mi navegador, encuentro en el resumen de noticias una nota hasta el final, que me preocupa mucho porque es la expresión de muchos a quienes el agua les ha llegado hasta el cuello:  Saquean silos y trenes con alimentos en todo el país.

La violencia engendra violencia… Quizá los que pensaron que “no pasaría nada” aquellos que han hurtado fondos para escuelas, programas de apoyo al campo, votos, fomento a las empresas regionales, especulan con los precios, se aprovechán de las desventuras ajenas, cargaron tasas de interés usureras o hacen trampa en los exámenes. Tal vez creen que “nadie lo nota” o que “de qué sive ser honrado, si nadie lo notaba”.

Gran error. Todos sufrimos las consecuencias.

Diría yo que esta noticia es una triste muestra de la violencia efecto, respondiendo a la violencia causa…  Millones que han viso disminuída desde la gestación su calidad de vida en las últimas décadas: menos posibilidades nutricionales, educativas, de salud, desarrollo y bienestar a las que en deberían tener.

No justifico la violencia en ninguno de los dos casos… ambos son muestra de que el ser humano rindió su inteligencia, esperanza, bien ser, ante lo que le pareció la “gran oportunidad” para vivir -al menos momentáneamente y en perjuicio de la honradez- una realidad mejor a la que le esperaba de seguir su derrotero normal. Yo diría que es la corrupción es la salida de los “listitos” que creen que hay una manera más fácil que trabajar honradamente o ir por el “camino derechito” -como diría mi Abuelita- para hacerse un lugar en la vida.

Sin embargo, también es necesario considerar que en el caso de la primera violencia (la que robó futuros mejores) el motivo fue la ambición, la falta de honradez y escrúpulos, en tanto que en el segundo caso fue disparada por el hambre, la supervivencia. Ambos casos ilícitos y punibles pero en distintas dimensiones, según podría dictaminar un juez justo.

Lo que me queda tristemente claro es que los actos de corrupción, aunque sean pequeños, aunque “sólo sean de lenguaje”, ayudan a alimentar esa gran maquinaria de demolición de oportunidades, de un futuro que -si no ya prometedor- de menos pudiera ser decente para las generaciones presentes y futuras. Creo que lo único que creo que nos podría salvar de esta situación tan difícil es rescatar el concepto de comunidad, de principios, de dar a cada quien lo necesario para desarrollarse sin perjuicio a los demás… Saber que si uno hace algo mal, es como si tira una piedra al lago y genera ondas que se expanden y expanden más cada vez;  cada mala acción provoca perjuicio -aunque a veces no se note a primera vista- a uno miso, a nuestra propia gente, fastidiando defintiivamente el futuro de nuestros hijos. ¿O es que acaso creen los ladrones, corruptos, narcotraficántess o secuestradores que toda su familia está segura y tranquila en el ambiente de caos que ellos mismos han propiciado? ¿Creen que será suficiente con llevarlos a vivir a otro país en donde teóricamente haya más respeto a las leyes? ¿No sabrán que la violencia no conoce fronteras?

Sólo me queda aplicar esta perspectiva con respecto a las obras constructivas… A pesar de que parezca que lo bien hecho no genera ningún efecto en la realidad, tengo la esperanza y sé en el corazón que cada tentación de corrupción vencida ayuda a atenuar la agitación generada por la violencia en nuestro mundo.

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