Special Star

Hojas de vida, Pan de ayer No Comments »

Esta es una de mis melodías favoritas.

Me recuerda aquellos brillantes días de abril en que iba al INPI, a aprender y jugar en el parque a los 4 años de edad. La alegría de las maestras al dar clases al aire libre y el afán con el que enseñaban a compartir, ya fueran las ideas, las crayolas o el almuerzo entre los niños.

Después, esperaba a mi mamá para irnos de regreso a casa, esperando con ilusión el viernes pues sabía que pasaríamos por el quiosco de gobierno en el parque, que tenía muchísimos libros de niños, de los cuales podría elegir uno de 5 pesos. ¿Cómo olvidar cuentos entrañables como Ayotzin, Las piedras de la verdad, Mariposas, y tantos, tantísimos otros que mucho aportaron para ser quien soy?

Ahora sé que todo el tiempo, esfuerzo y alegría que invirtamos en acercar a los niños a actividades culturales abren un camino ancho en donde la libertad, el respeto, la innovación, la diversidad y el disfrute de la vida permitirán que lo hermoso de nuestra humanidad sobreviva. A pesar de todo.

“Bodas de Perlas” – Mario Benedetti

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Para aquellos dos jóvenes muchachos, que se conocieron un Sábado de Gloria hace ya muchos, mucos años y que iniciaron la maravillosa, entrañable, esforzada y amorosa familia a la que pertenezco (para mi fortuna).

¡Los amamos!

Recuerdos

El planeta azul, Pan de ayer No Comments »

Hace varios años ya y aún disfruto el recuerdo…

Sin luna

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¿Quién no se ha sentido felizmente perdido en un cielo estrellado, saboreando el aire tibio y los lejanos sonidos de la noche en provincia?

Irremediable y venturosamente recuerdo a Xalapa cuando escucho a Melingo con esta canción tan genuina y feliz.

¡Feliz Día de Reyes!

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“Portate bien, que te están viendo los Reyes”, “¿Ya hiciste tu carta?”, “¿Quieres tooodos esos juguetes? Pero… ¿Cómo te has portado?”, “¿Ya boleaste tus zapatos?”,  “¡Mira! ¡Un cuernito de pan! Seguro que ese era tu bicicleta pero se transformó por pelear con tu hermana”

Cuantísimo disfruté la puntualidad, bonhomía y originalidad de mis Reyes Magos, que me traían cuanto juguete maravilloso no pedía y olvidaban en su costal los que eran objeto de mis suspiros. En verdad valía la pena serles fiel, aunque en la escuela hubiera cada vez más devotos de Santa Clós con quien nunca hubo “química”, pues su risa falsa nunca me dió confianza. Apuesto que el sentimiento fue mutuo, porque el gordito jamás pasó por mi casa.  A mí el punto me tenía sin cuidado, porque -haciendo cuentas- entre los tres Reyes podrían cargar un saco de regalos más grande que el que pudiera jalar el viejito Santa, por mucho trineo que trajera.

Mi flamante bici roja con llantas de hule sólido, mi muñeca pelirroja Gina a la que terminé arruinándole el cabello después de peinarla “con limón” (digo, no siempre ha existido el gel), la carreola, la pirinola de latón que echaba chispas y tenía manivela, el juguete de agua para encestar aritos gracias a la fuerza de propulsión disparada por dos potentes botones (obviamente, presionados por los pulgares, nada de pilas), los patines, la máquina de raspaditos, el ajedrez con muñecos “de verdad”, mi manopla de beis, las muñecas para recortar, el juguete para diseñar vestidos con placas grabadas que permitian la transferencia de motivos al pasar una crayola por encima, el boligoma, y tantos, tantos juguetes más que hicieron de aquellos años una delicia.

¿Cómo no recordar a esos tres barbudos con tantísimo cariño?

¡Un beso a los afanados, generosos, constantes, ahorradores, sacrificados, didácticos y apapachadores monarcas! Y Larga vida para su reinado.


Feliz Dia de Reyes – Jan 6 by =Rednails13 on deviantART

Distraxion

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Encontré este corto animado gracias al Blog de Alejandro Gamboa en donde he encontrado contenido que me gusta. El corto me hizo recordar aquellas lejanas tardes en que trabajaba por las tardes mientras estudiaba preparatoria y tenía que recetarme todo el repertorio de Ray Connif, cortesía no solicitada del vecino negocio. Creía que su música de fondo a todo volumen haría más famosa su escuela de diseño de imagen reconocida por el Instituto X de “Paaaariiiiís, Franciaaaaa”.

Bueno, pues -como diría la canción antigüita- gracias por el recuerdo.

Adeste fideles

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Me parece oír todavía la algarabía de niños reunidos en el patio de mi casa para ensayar las canciones de Navidad. Nos armábamos de de sonajas fabricadas por nosotros con corcholatas aplastadas, botes con piedritas y cualquier cantidad de instrumentos sonoros bastante eclécticos. En aquellos días estábamos seguros de no importaría cuántos años pasaran, la época navideña siempre la disfrutaríamos con ellos, en casa, disfrutando de la compañía de todos. Y bueno… sólo habíamos vivido 9 años.

Mucha agua ha pasado por el río.  Todos se han casado, hay hijos ya, nos vemos muy poco y la vida nos ha llevado por lugares bastante lejanos. Aún así, estoy segura de que en donde se encuentre Marita, Jorge, Víctor, Marco, Edgar y Aldo, la Señora de las Posadas, los hermanos beisbolistas (que siempre ganaban la piñata con su golpe de home-run), el indoblegable Chachis quien desafíaba el frío de diciembre usando shorts, Hugo y Luis, al recordar las navidades de nuestra infancia sentirán el calor y alegría de aquellos días.

Para todos ellos -estén donde estén- va un abrazo y Adese Fideles, la cancioncita que siempre nos traía de cabeza:

La casa de los pequeños cubos

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¿Cuantas veces te has sumergido en tus recuerdos?

Encontré una animación que trata al respecto… Ojalá les guste.

La Casa de los Pequeños Cubos es un corto animado japonés creado en 2008 por Kunio Kato, con música de Kenji Kondo.

Canto a la luz

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Para mí, esta canción es mágica: me permite regresar el tiempo tantísimos años que en un parpadeo me encuentro con tan sólo 6, en vacaciones de navidad, hecha un ovillo bajo las cobijas, sintiendo el frío en mi nariz y adivinando que el sol estará por entrar en la ventana. Escucho atenta… ¡Sí! Mi Mamá ya se levantó y está cocinando unos ricos hot cakes y chocolatito caliente. Me hago el ánimo para voltear y veo a lo lejos que mi hermana está dormida; todo está silencioso hasta que -de repente- escucho el disco de Alberto Lozano que mi Mamá ha puesto para despertarnos; se me llena el corazón de felicidad por ser su hija. Tanto, como ahora a casi 3 décadas de distancia.

Por cierto, si quieres seguir los pasos de Alberto Lozano, visítalo en su espacio en myspace: www.myspace.com/albertolozanocantoalaluz

Una y otra vez

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Este fin de semana empezó magnífico con la colección de música que Ax me compartió: lo más representativo de los 80, cuando eramos invencibles, infalibles e inmortales, cuando pintábamos apenas los 16 y nos comíamos el mundo de un solo bocado y ¡no sé como! me alcanzaba el tiempo sin problema para ir a la escuela, cumplir con pilas de tarea, leer un libro por semana, atender clases de inglés, francés, y -de remate- trabajar en la tienda.

Por ello, cada vez que me encuentro a un jóven con planes de acabar con los males del mundo de una patada trato de ser indulgente pues miro hacia adentro y con gusto recuerdo aquel sentimiento de energía y vitalidad pura, aún no agüitada por la realidad. Que disfruten de esa magnífica época. De realidad ya tendrán tiempo suficiente.

Bueno, pues les comparto una cancioncita de aquella tan disfrutada época…

Lectura en compañía (forzada)

Pan de ayer No Comments »

Hace mil años, cuando iba a la Universidad, tomaba mi transporte a las 5.30 de la mañana y abría mi libro para hacer menos largo el camino. Se necesitaba de una prodigiosa concentración -que a fuerza de viajes fui logrando- para adentrarse en el contenido y no distraerse con la vida misma que pasaba alrededor, tironeando de las hojas para hacerle caso sin concesión alguna.

Seguro a todos les ha pasado alguna vez: Cuando al (la) vecino(a) de butaca no le daba un acceso de tos que me hacía dudar si iniciar con los primeros auxilios, tenía sueño de reserva que le llegaba a raudales a los 10 minutos de sentado(a) y ponía a prueba la elasticidad de su cuello, incluía de aquellos estorbosos walkmans para proporcionar música de fondo a los acompañantes, o de plano lográbamos sintonizar nuestras almas en el terror comunitario pues el chofer resultaba todo un Fitipaldi y -como en el caso de aquel que todos llamaban Pirata, por sospechosas razones- hacía que entráramos en un tunel del tiempo para llegar tan sólo 50 minutos a nuestro destino, en lugar de los 90 minutos reglamentarios.

En fin, no me desvío más… Dejo un regalito dominical para aquellos que -como yo por 4 años- tuvimos que practicar el discreto arte de leer en compañía.

¡50 capítulos de De Puntitas!

De niños, Pan de ayer, Radio 3 Comments »

El día de ayer parecía ser uno normal: con dos diseños pendientes y una traducción en curso, todo para entregar ya. Terminé muy cansada después de dar gusto a la agenda y -justo cuando cerraba mi computadora- encontré un mensaje que me iluminó el día: Marco, un amabilísimo lector nos compartió la dirección en donde podemos encontrar 50 capítulos de “De Puntitas” para poder disfrutarlos nuevamente, y que no es otra sino ésta:
http://www.radioeducacion.edu.mx/audios/depuntitas/re2.xml

¿Se te antoja regresar el calendario muchos años -aunque sea por unos minutos- y escuchar los programas que Emilio Ebergenyi presentaba en Radio Educación? Te aseguro que no tiene pierde… Déjate llevar por la imaginación a la época en donde no te preocupaban los impuestos, el sueldo, la política, los precios, ¿recuerdas?. Aquellos estupendos días en que descubrir el mundo era tu principal interés y ocupación.

¡Gracias Marco!


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El colibrí y un cuento añejo…

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“El Colibrí” es una de mis canciones preferidas. Me recuerda muchísimo la época en que apenas llegaba a los 3 años y los jardines públicos eran tan seguros que las mamás nos inscribían en un programa del entonces Instituto Mexicano para la Infancia (IMPI) para poder jugar y aprender en clases al aire libre 2 horas por la mañana.

Todos los lunes, de camino -y sin prisa- a casa, hacíamos una parada obligatoria en el Kioskito del programa “Libros para Niños”, si mal no recuerdo; de lo que estoy segura es de la emoción y lo difícil que resultaba elegir cuál llevaríamos con nosotros. Tantos cuentos con dibujos bonitos, algunos coloridos, otros por colorear, cortos o largos, con juegos o sin juegos al final de la historia, pero emocionantes todos. Gracias al pellizco que mi Mamá hacía al gasto, pudimos conocer historias tan bonitas como la de la Tortuguita Ayotzin, La mariposa presumida, Las canicas y muchos más…

Ya en casa, comíamos y hacíamos la tarea lo más rápido posible porque sabíamos que al terminar nos iríamos al sillón verde, juntitas las tres para ver las imágenes y no perdernos un solo detalle del cuento que mi Mamá iba leyendo despacito. Eso sí: la ley era que  sólo se leía un cuento por día, para que nos duraran las historias hasta la semana siguiente.

Recuerdo un cuento en especial, aunque el título se me ha borrado. La historia va más o menos así:

“Hace muchos, muchos años, un hombre tuvo que enviar a su hijo a un lejanísimo lugar. El día antes de la partida, le entregó un saco grande con la misión de  recoger la mayor cantidad de piedras que encontrara en el camino hacia su destino; remató tan extraño encargo con una frase misteriosa para el hijo: “El día de mañana te sentirás muy afortunado y muy desgraciado”.

Para qué más que la verdad: al recibir la encomienda el hijo piensó que su padre ha perdido la cabeza. Y más por no quedar mal que por cumplir con el encargo de verdad, recogió algunas piedras rumbo a su destino, pero no tantas como hubiera podido… es más, cuando sintió que su saco estaba a punto de pesar descontaba algunas piedras para aligerar la carga.


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Al final del día  su saco pesaba, pero no tanto como para cansar su espalda o impedirle llegar ligero a su destino, porque -la verdad sea dicha- a juzgar por su fuerza y voluntad, de haberse aplicado podría haber guardado muchas, muchas piedras más para cumplir fielmente con el encargo.

El caso, es que cuando le alcanzó la noche, decide refugiarse para dormir. Ni siquiera puso mucho interés de dónde puso el saco con piedras, porque era -a su parecer- una carga molesta.

Al clarear el día se despierta listo para iniciar otra jornada de camino, sólo que se encuentra con una sorpresa que le quita el aliento: ¡Las piedras feas, pesadas, comunes se han transformado en joyas preciosas!  Es entonces cuando lo dicho por su padre cobra sentido:  El hijo se sintió feliz por haber recogido las que llevó, pero muy desdichado por todas las que dejó en el camino por parecerle pesadas.”

El cuento, remata diciendo que las piedras son como el conocimiento. Es muy difícil recogerlo y llevarlo disciplinadamente, pero al final del día se transformarán en un maravilloso regalo para toda la vida.

Luther King reflexiona sobre la Ley Arizona

La frase del día, Pan de ayer No Comments »

No… no es el calor que me ha llegado a fastidiar las neuronas. Es el mismo Martin Luther King el que habla sobre la igualdad de razas y tolerancia. Por si no recuerdan sus palabras aquellos que apoyan la Ley Arizona, incluyo aquí el recordatorio:

Discurso ” I have a Dream”

Así… ¿o más clarito?

El café de mis recuerdos

Pan de ayer No Comments »

En mi familia el café ha sido una tradición…

Uno de los más memorables para mí es el de mi Bisabuelita que se empeñaba a sus 93 años en cuidar las plantas, cosechar los granos, secarlos al sol, quitarles la cáscara, tostarlos, molerlos y luego disfrutarlo religiosamente después de comer, afuera de su casa, viendo cómo pasaba la vida debajo del cerro en que vivía, disfrutando el paso de la tarde al elástico ritmo de provincia.  Imagínen lo bueno que habrá sido, que cuando sueño con ella vuelvo a hundir la nariz en su sueter verde de lana que me picaba un poco la nariz al abrazarla cuando niña y vuelvo a respirar profundamente ese aroma irrepetible.  Ha sobrevivido único, inigualable, inconfundible, a más de 20 años de separación terrena, tal vez más nítido que el sonido de su voz.

Otro sabor de café memorable para mí es el que preparaba mi Tía Mago aquellas raras ocasiones en que visitábamos a mis 9 primos. Con canela, leche rebajada y una estupenda plática ruidosa que se armaba en una mesa en donde lo que abundaban eran cabecitas. Era de lo más divertido y no queríamos que terminara nunca.

Un café amargo y cargado pero muy bien soportado fue el que  disfrutábamos taza tras taza en Sanborns cuando éramos novios y no porque nos gustara tanto, sino porque era el único lugar en donde servían de continuo dejando como rastro en la cuenta un solo café, lo que era una bendición para la economía bastante apretada de estudiantes con trabajo de medio tiempo y con tantas ganas de platicar. La juventud estaba de nuestra parte ¿quién se preocupaba por la descalcificación, el estrés, los problemas de riñón y gastritis provocados por tanta cafeína?

Hoy el tiempo ya me empieza a pasar la factura. Tal vez ha llegado para mí el momento de bajar un poco mis dosis diarias de café, pero nada me hará cambiar la sensación -al percibir su aroma- de que de alguna manera he llegado a casa.

¡Guardias!

Pan de ayer, TV No Comments »

¿Quién no ha sentido alguna vez en su vida inmensas ganas de tener poder?.

Yo recuerdo, por ejemplo, la vez en que por error de un oficial cachetón, sonrosado, sonriente e ineficiente de la embajada de EU no se dió de alta en su sistema que teníamos permiso para cruzar los estados norteños de su país. Justo al cruzar la frontera con Canadá, enmedio de la nada y a media noche nos dejaron guardados en una oficinita burocrática 3 horas, hasta que confirmaron que estábamos allí legalmente.

Eso ocurrió hace ya más de 20 años y todavía me sabe mal.   Que se cuide bien aquel gordito, que mis guardias lo están buscando…

Confesión

Notas de aquí y allá, Pan de ayer No Comments »

¿Se han puesto a pensar en aquellas veces en que -sin querer- han roto el corazón de alguien?

Ayer me acordé de cuando era niña y jugaba con nuestros amigos de la calle a los policías y ladrones con mi bici dotada de la clásica botellita de frutsi en la salpicadera para lograr el tan buscado sonido de moto. Era un grupo muy divertido: 8 amigos que no rebasábamos los 10 años y teníamos como consigna cada tarde divertirnos a más no poder.

Una tarde mientras descansábamos, uno de mis amigos, en su tono más serio posible, confesó: “Muchas dicen que soy un Casanova”.

Mi respuesta instantánea fue una carcajada tan explosiva que aún el eco puede escucharse en los recuerdos de mi amigo y todavía llega hasta mis días, con cierto pesar por sus posibles efectos colaterales.

Bicicleta

“Pero yo los quiero más…”

Pan de ayer No Comments »

Ví este cortito de Pocoyó (me los tengo que recetar a petición -por decirlo de alguna manera- de Pascualín) y me acordé irremediablemente de los cumpleaños de mis papás cuando éramos niños. Pobrecillos, las que tenían que pasar ¡y por tres!

Cuando los vientos soplan violentos…

Musicando, Pan de ayer No Comments »

Ayer por la tarde y hoy los vientos se han desatado. Ya van varios árboles y espectaculares que se han vencido ante su fuerza innegable. Nosotros escuchamos tan fuerte las ráfagas en las ventanas y techos que hasta pensamos en algun momento que alguien quería entrar a la fuerza a la casa.

Eso me hace recordar que cuando llegaba la época de los vientos (febrero, en aquellos años en que el calentamiento global aún no cambiaba tanto los climas) esperábamos que todos los autos se fueran de la escuela para que mi Mamá -que apenas empezaba a manejar- pudiera ir despacito, a sus anchas por el camino de regreso a casa. Y ¿qué mejor para esperar esa hora en que se vaciaba el estacionamiento que platicar las noticias del día, disfrutar un meloncito dulce recién picado y cantar?…

Aquí está una canción de esa época que viene muy ad-hoc:

Cuando los vientos,
soplan violentos,
las horas son momentos,
lanza tus libros sin dudar,
lánzate tu a rondaaaaar…

Verdes praderas, fuentes parleras,
auras de las riberas;
cuando en el pecho hay juventud
es el rondar vitud.

Rondín (rondín, rondín)
de la montaña (de la montaña)
la brisa al fin tu frente acariciará.
Y el sol (y el sol, y el sol)
que te acompaña, (que te acompaña)
como un allama el alma te incendiará.

Subir (subir, subir)
siempre subir (siempre subir)
mientras los valles cantan así:
Rondín (rondín, rondín)
repite el viento
Atrevimiento tu lema será.

(Rondín de la Montaña)

Hace años, en estos días

Hojas de vida, Pan de ayer No Comments »

Cada tarde esperábamos con emoción a mi Papá,  que llegaría chapeadito por el aire frío de la noche y la emoción, con una caja de cartón grande en donde vendría el pavo de Navidad que tendríamos que descongelar y cocinar por varias horas… ¡Qué antiguo será el recuerdo que todavía no se vendían los pavos horneados!

Para rematar, llegarían también los vales recién recibidos que se transformarían en ropa “holgadita” para que nos durara todo el año siguiente.  Nomás recordar esos días me hace sentir de nuevo querida y cobijada, con el corazón tan calientito como con mi reluciente chamarra lila tan a tono con la moda de los ochentas.

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