Encontré este poema. Me gustó y lo comparto con ustedes porque da palabras a la inquietud de una persona que busca a Dios y confiesa de manera sincera, sencilla y profunda que no sabe aún si Él existe, aunque quiere que así sea.

Yo creo que Dios prefiere a estas personas que genuinamente desean encontrarlo, que se maravillan del mundo, desean el bien para sus semejantes y que sinceramente declaran que no están seguros sobre su existencia, sobre aquellos que pasan la vida orando y no demuestran en sus acciones su fe en su entorno ni con sus hermanos.

Somos afortunados… Dios conoce los corazones.

 

Plegaria al Desconocido
Jules Supervielle

He aquí que me sorprendo hablándote, Dios mío,
yo, que no sé todavía si existes
ni comprendo la lengua de tus iglesias susurrantes.

Miro los altares, la bóveda de tu casa
como quien dice simplemente: “Esto es madera, esto es piedra,
aquéllas son columnas románticas, le falta la nariz a ese santo,
y adentro como afuera hay un mismo desamparo entre los hombres.

Bajo los ojos sin poder arrodillarme durante la misa
como si dejara pasar una tormenta sobre mi cabeza
y no puedo evitar el pensar siempre en otra cosa.

Me pasaré la vida pensando en otra cosa,
y esa otra cosa soy yo, tal vez mi yo verdadero:
es allí donde me refugio, y tal vez sea allí donde tú estás,
creo que nunca podré vivir sino en esas lejanías que me seducen.

El momento presente es un regalo que no he sabido aprovechar,
no sé bien cómo se usa, lo volteo para un lado y para el otro
y no logro que funciones su difícil mecanismo.

No creo en ti, Dios mío, pero quisiera hablarte a pesar de todo;
he hablado con las estrellas aunque las sepa sin vida,
con los más humildes de los animales aunque los sepa sin respuesta,
con los árboles que, sin el viento, serían mudos como la tumba.

Y me he hablado a mí mismo aunque no estoy seguro del todo de que existo.

No se si oyes nuestras plegarias, las plegarias de los hombres,
no sé si tienes ganas de escucharlas,
no sé si tienes como nosotros un corazón en alerta continua
y oídos siempre abiertos a las noticias más diversas.
No sé si te gusta mirar por aquí.

Pero querría recordarte a tu planeta la Tierra,
con sus flores, sus guijarros, sus jardines y sus casas.
Con todos sus seres; con nosotros que sufrimos y lo sabemos.

Querría dirigirte cuanto antes estas humildes palabras humanas
porque cada cual debe tentar ahora lo imposible
aun si no eres más que un soplo de hace millares de años,
una gran velocidad adquirida, una melancolía durable
que hace aún girar a las esferas en su melodía.

Querría, Dios sin rostro y tal vez sin esperanza,
que prestaras toda tu atención, entre tantos cielos vagabunda,
a los hombres que nunca pueden darse un respiro en el planeta.

Escúchame, corre prisa: todos van a desalentarse
y ya no podremos distinguir a los jóvenes de los viejos.
Cada mañana se preguntan si la matanza va a comenzar.

Por todas partes se preparan extraños distribuidores
de sangre, de quejidos y de lágrimas.
Se preguntan si los trigos no esconden ya fusiles.

¿Se acabó el tiempo en que podías ocuparte de los hombres?
¿Te llaman de otros mundo, médico de consulta
que sin saber por dónde empezar deja morir a su clientela?

Escúchame, no soy más que un hombre entre tantos otros:
el alma está a gusto en el cuerpo, el alma no quiere escapar
en un estallido de bomba;
el alma es para nosotros una caricia, un secreto halago.

Déjanos respirar sin pensar en nuevos venenos,
déjanos mirar a nuestros niños sin pensar todo el tiempo en la muerte.
No estamos para batallas, para generales.

Déjanos nuestro ir y venir de rebaño entre cencerros
y olor a leche que se mezcla al olor de la hierba espesa.
Ah, si existes, mi Dios, mira de nuestro lado,
ven y descansa un rato entre nosotros, la Tierra es hermosa con sus árboles,
sus ríos y sus estanques, tan hermosa que uno diría
que la añoras un poco.

No te vayas a hacerle sordo una vez más
ni a sentirte conmigo, Dios, si te tuteo,
si te hablo con tan abrupta simplicidad:
creería menos que en cualquier otro en un Dios que aterrorizara;
y tú, más que por el rayo, sabes expresarte por las briznas de hierba
y los ojos del agua y los juegos de los niños,
lo cual no impide que haya océanos y cadenas de montañas.

No puedes ofenderte porque te digo lo que pienso,
porque reflexiono como puedo sobre el hombre y su existencia
con la franqueza de la tierra y de las diversas estaciones
y tal vez con tu franqueza cuyas lecciones ignoro.

No me faltan disculpas, consiente en aceptar mis pobres sutilezas,
tantas cosas se preparan solapadamente contra nosotros
que, por mucho que hagamos, tememos siempre que nos sorprendan desprevenidos,
tenemos ser como el toro que no comprende qué sucede:
lo llevan al matadero, no sabe adónde va,
y justo antes de recibir el golpe mortal sobre la frente
se repite que tiene hambre, y pastaría de buena gana,
¿pero qué pasa con esa gente de delantales llenos de sangre
para que así se empeñen todos en atenderlo esta mañana?

Hoy falleció Jacobo Zabludowsky, quien diera las noticias cada noche en millones de hogares mexicanos durante décadas; fue sólido pilar de la sociedad que hoy tenemos, en su peor sentido.

Muchos recuerdan su labor en el terremoto del 85. ¿Y quién que se tenga por periodista no lo habría hecho así frente a la obligación ineludible de dar constancia de tan terrible hecatombe?

No me sorprende cuántos hoy lloran su ausencia y lo declaran su maestro. Finalmente, nuestra cultura mexicana es muy así: siempre con el afán de santificar a los muertos.

Los invito a leer el artículo de Julio Scherer publicado en Proceso: “De Scherer sobre Zabludovsky: La vida que desprecio” pues siempre es saludable tener otra opinión y más si proviene del contacto directo entre ambos periodistas. O este otro, sin desperdicio, de Vicente Leñero llamado “La conversión de Jacobo Zabludowsky” publicada en la Revista de la Universidad de México.

Ante su trayectoria profesional, sólo puedo recordar la frase con que él mismo informó sobre los hechos del 2 de octubre: “hoy amaneció soleado”.

En fin. Bendita internet que nos permite información más abierta, directa y disponible al momento. Me despido con esta emotiva cancioncita que Molotov le dedicó al aquí despedido.

Tanto cariño, por algo será…

Este mes Pascual cumplió años.

¡Cuánto agradezco a Dios que entre tantos millones de niños y niñas, él, justamente él, haya sido nuestro hijo!

¡Va para ti esta canción, mi Chimuelito Hermoso!

Y aquí va este video para mi Hermanito, que pasaba tardes enteras jugando canicas, coleccionándolas, tirando torres con ellas y acabando con las rodillas de los pantalones con mucha felicidad.
¡Te quiero Hermanito!

Lo único que le faltó al video fue el soundtrack que Cri-crí preparó proféticamente para el caso:

Y por fin llegó el día de las mamás. Aquí con gusto les dejo una canción que me encanta; es de Luis María Pescetti, aunque también pueden encontrar una versión muy buena con Canto Alegre.

También llega una felicitación de Snoopy:

Y el cariñoso pensamiento de J.D. Sallinger que dice: “Todas las madres están ligeramente locas”.

Pero el mensaje que asegura que tanto esfuerzo logrará frutos e impactará a la humanidad futura es quella que dice: “Indiscutiblemente, todos llegaremos a citar a nuestras madres”

¡Feliz día a las Mamás!

:)

Algunos días siento que lo único constante son los trastes. Al menos me alegra -un poco maliciosamente- saber que es igual para (casi) todos:

:o)

Hoy la mañana fue hermosa. Los pájaros del parque vecino despertaron especialmente contentos. Probablemente ellos sabían ya que el espíritu de Galeano volaría libre de los años y pleno en la luz.

Nosotros, quienes apenas tratamos de hacer crecer nuestras alas lo echaremos mucho de menos… el mundo necesita más que nunca humanos incluyentes, amantes de sus prójimos, con alegría por vivir.

Aquí un pedacito de Galeano:

A todos nos ha ocurrido vivir/tener/ver/pensar/recibir algo que no nos gusta. Y bueno, la vida tiene altos y bajos, qué le vamos a hacer. Lo único que sí podemos cambiar es cómo enfrentamos el desafío.

Por eso me encanta esta canción para niños: “Lo feo”, de la compositora cubana Teresita Fernández. De manera sencilla nos recuerda que hay que poner amor aún a lo que no nos gusta (o particularmente en ello, podría decirse).

La teoría, bellamente cantada es una cosa; el reto es aplicar el concepto día a día.

Y justo en eso estamos.

Aquí comparto algunas versiones, aunque echamos de menos la versión de Cantoalegre:

“A las cosas que son feas, ponles un poco de amor, y verás que la tristeza va cambiando de color”…

Pascual ha tenido tos. Como no disminuía a pesar de los remedios caseros y el descanso decidimos ir con la Doctora, que le envió antibiótico con expectorante.

A partir de allí ha sido un ir y venir ininterrumpido de Pascual al espejo, siempre cargando su muñeco. Como no parecía muy contento con el reflejo, le pregunté qué pasaba. Me contestó desanimado:

“Es que no funciona mamá. Ya llevo varias cucharadas de esa medicina y no sé hasta cuándo se notarán los músculos de mis pectorales.”

Pectorales

 

¡Si esto es a los 6 años…! Y dicen que las mujeres somos más vanidosas.  ¿Será?

Estoy en el momento de reflexionar hacia dónde va mi vida. De que logre clarificarlo y tomar la decisión correcta con energía, fe y constancia depende en mucho mi felicidad, equilibrio, salud y hasta la plenitud de mi familia.

En mucho es una transición dolorosa, porque implica aceptar que muchos de los planes que tenía hace un año tendrán que cambiar y adaptarse  a la nueva realidad. También es liberadora, porque puedo aplicar la libertad e imaginación. Finalmente, si no voy por mis metas hoy, ¿cuándo?

Es un reto grande, pero estoy dispuesta.

¡Vamos adelante!

Foto: Pixabay sunset-74778_1280

En este Día de la Mujer propongo que no sólo hoy, sino todos los días deben ser nuestro día; y si queremos verdadera equidad, pues que sea éste también el día de los hombres, de los niños, de los humanos, de los animales, de la naturaleza, del respeto y de recuerdo para los pasados, pensando en los presentes, imaginando a los futuros…

De todos pues… ¡Y a vivir!

Hoy encontré una nota que me hizo regresar a aquellos días en que Pascual tenía 3 años, una tarde en que me preguntó por qué se marchitaban las flores.

Le expliqué que todos nacemos, crecemos, envejecemos y morimos,  y que por eso tenía que disfrutar mucho todo lo que haga en la vida y reírse y jugar todo lo que pudiera… No tenía de qué preocuparse cuando se terminara la vida porque si éramos buenos volveríamos a nacer en un lugar muy bonito, con todos los que nos quieren y volveríamos a ser muy felices.

Después de pensarlo, me contestó:

“Y… ¿será en la casa de los Abuelitos o en Xalapa?”

Lluvia fresca - Paraíso - Texolo - Veracruz

¿Alguna vez te has sentido fuera de lugar y que -por más que te esforzaras- no podías llegar a la meta?

Yo sí.

Lo maravilloso, es que cuando esto me ocurría de pequeña tenía al lado a mi Mamá, la maestra en motivación y optimismo.

Ella creyó que podría dibujar bonito, que podría lograr el cambio de escuelas, que podría aprender a andar en bici o cumplir metas que en ocasiones parecían muy lejanas para mí; bueno, sólo le falló en el piano, pero eso más tenía que ver con mis aptitudes, para qué más.

Un beso para ella… Las decenas y docenas no serían lo mismo en la vida sin los capulines, ni las fracciones sin las tortillas y pasteles. Los colores no habrían entrado tanto a mi vida y pintado cada fibra de mi corazón, en donde entraron tantos libros sacados del ahorro que hacías todos los días del gasto. No seríamos quienes somos sin tu apoyo y amor de todos los días y noches, refrescante cual mangos enfriados en la pileta. Es cierto: El mundo sería un lugar mucho mejor con más personas como tú.

¡Te quiero mamita! y te dedico esta animación:

Hace unos meses encontré este documental. Me parece que no tiene desperdicio y ha sido para mí un motivo para cuestionarme profundamente el tipo de educación que estamos propiciando para nuestro hijo. Por favor, véanlo, compártanlo, disfrútenlo y (si así les parece bien) ¡aplíquenlo!

Sin duda alguna, la humanidad futura se los agradecerá.

Después de casi 5 meses, hoy Pascual regresó a la escuela.

Lleva con cubrebocas, va bien forradito con su abrigo de ilusiones por hacer amigos, aprender y dispuesto a recuperar el tiempo de recuperación en casa.

No pudo dormir por la emoción de conocer a sus compañeros que lo esperan. Despertó temprano, se arregló pronto, desayunó y fue el primero en subir al auto. Lo vi entrar a su salón y sentarse contento en su pupitre, rodeado de compañeros que apenas conoció unas horas. Regresamos a casa y extraño oír sus pasos, sentir su manita al cruzar la calle y platicar sobre la nueva pista por la cuál descubrió que Spiderman no puede ser real o ver cómo hace las sumas en su mesita junto a mi escritorio.

Y encuentro que en estos 5 meses mi vida entró en un túnel en donde el tiempo tiene otro ritmo, más marcado por las citas, doctores, laboratorios, muestras, y seguimientos que por semanas y meses. Encuentro que mi corazón necesita organizarse para asumir de lleno esta nueva manera de vivir “normalmente” con las quimios faltantes, haciendo frente a la preocupación por sus riñones, los contagios y las adaptaciones.

Entonces recuerdo lo contento que iba Bruno hoy a su escuela. No hay de otra: a sacar ánimo, que la vida se abre camino.

Tal vez el desazón que siento no sea sino el aire fresco que anticipan las mañanas del corazón, promesa de que tenemos otra oportunidad para volver a vivir felices.

“Cuando tú compras algo no lo compras con dinero, lo compras con el tiempo de tu vida que gastaste para tener ese dinero”.
Pepe Mújica

“Cuando tú compras algo no lo compras con dinero, lo compras con el tiempo de tu vida que gastaste para tener ese dinero”. Pepe Mújica

“Cuando tú compras algo no lo compras con dinero, lo compras con el tiempo de tu vida que gastaste para tener ese dinero”.
Pepe Mújica

Era la mañana de un soleado primer día de clases.

Nuestra preocupación era saber si Pascual se acoplaría a su nueva escuela y qué tan rápido nos haríamos a la nueva vida.

Por la tarde, después de hacer la tarea y al querer cambiarse a pijama cayó la bomba en nuestra familia: Las piernitas de Pascual tenían tremendos moretones, no podía moverse pues sus articulaciones inferiores se inflamaron y tenía temperatura. Un día antes había tenido dolor de pies pero lo relacionamos con que brincó y corrió muchísimo en la fiesta del día previo.

Como imaginarás, corrimos al hospital y después de varias pruebas supusieron Púrpura Vascular como primer diagnóstico, un padecimiento autoinmune crónico raro cuyas crisis generalmente se autolimitan de 6 a 8 semanas posteriores a la aparición de las petequias. Sí, “petequias” son pequeños vasos rotos que se han originado por la extrema fragilidad capilar, pues el sistema inmunológico “combate” contra sí mismo. La consideración mayor a tomar en cuenta en estos pacientes es que tanto el riñón como el estómago son los más afectados. Durante esas semanas los pacientes deben tener reposo horizontal total pues el apoyo de su propio peso sobre sus pies, piernas, codos, rodillas y más es suficiente para romper los vasos de la zona de apoyo. Este padecimiento puede presentarse en cualquier edad aunque son los niños menores de 6 años los más propensos a presentarla.

Para no hacer la historia más larga, después de 1 día de clases y 4 meses de recuperación en casa hemos recorrido dos hospitales, muchísimos doctores, una biopsia a cielo abierto de riñón y estamos en un procedimiento de pulsos de quimioterapia para desinflamar lo más pronto posible los riñones que sí resultaron afectados, con el objetivo de impedir que el tejido inflamado renal cicatrice y pierda su capacidad de filtración en la mayor medida posible. A lo largo del camino nos hemos encontrado con que este padecimiento es aún poco estudiado y no hay tratamiento certero para controlarlo. Dependemos en gran medida de cómo evolucione su organismo y debemos estar atentos de por vida pues cualquier tipo de infección podría desencadenar una nueva crisis de púrpura que -a su vez- podría dañar nuevamente y de manera acumulativa los riñones.

Hemos lidiado con nuestros temores y con el temor de la gente. Ambos generados en gran medida por la incertidumbre y la ignorancia. Aún recuerdo que hubo quien nos contactó preocupado por teléfono seguro de que nos enfrentábamos a un caso de ¡ébola! cuando este padecimiento apenas estaba presentando los primeros casos comunitarios en África y Televisa era pródiga en reportajes al respecto.

Hemos aprendido lo que se siente estar del lado de los segregados, pues fuera del hospital es común ver las miradas incisivas, de miedo o de falsa compasión que despiertan los niños que tienen aún alguna marca dejada por las petequias en sus piernas o que -como resultado de quimioterapias- han perdido su cabello. Pero como siempre, existe el equilibrio: desde los incansables Doctores, Jefes de Especialidad, Médicos de Base y Residentes que defienden su postura de acción y seguimiento a pesar de la tentadora indiferencia hacia caso (total, es un padecimiento muy raro y no muy estudiado), las enfermeras que tienen una sobre cuota de pacientes y sin embargo llegan todos los días con energía, atienden con cariño a los niños pacientes y con una enorme dosis de pacientes a los padres, hasta el  mesero que atiende en el restaurante frente al hospital y despide a sus comensales con un “Que Dios los acompañe” cuando uno tanto lo necesita.

La púrpura ha cimbrado nuestra vida. Nos sabemos mucho más vulnerables, más finitos, pero -irónicamente- más cercanos al milagro cotidiano de la vida. Nuestras prioridades han cambiado y también nuestra asignación de tiempo y esfuerzo. También la actitud ante los obstáculos se ha transformado y problemas que antes nos parecían tremendos ahora se redimensionan. Estar en pabellones hospitalarios pediátricos de niños con problemas crónicos en espera de trasplante nos hace aprender humildemente de la actitud que tiene la mayoría de los pequeños quienes no importando su situación la asumen como una realidad y tratan de vivir lo mejor que se puede con ella. El milagro de la vida.

Si me hubieran preguntado hace apenas 5 meses qué significaba “púrpura” para mí, sin duda hubiera contestado que era uno de mis colores preferidos. Hoy lo sigue siendo, pero el tono ya es asunto secundario. Hoy para nosotros es la condición con la que tenemos que aprender a vivir plenamente en familia, aprovechando cada minuto que tengamos para disfrutarlo plenamente. Sigo buscando alguna asociación en México especializada y aunque no la encuentro aún, comparto con ustedes un video de la Vasculitis Foundation, ubicada en Estados Unidos.

También aquí dejo la liga a un estudio del Hospital de México que nos ayudó en su momento para saber de qué trataba este nuevo reto para la familia. Por nuestra parte,  seguimos aprendiendo y haciéndonos a esta nuevo estilo de vida. Lo que aprendamos y encontremos, lo compartiremos aquí.

Un abrazo y el deseo de que este 2015 sea luminoso, lleno de salud, equilibrio y paz.

Esta es una de mis melodías favoritas.

Me recuerda aquellos brillantes días de abril en que iba al INPI, a aprender y jugar en el parque a los 4 años de edad, disfrutando el aroma de pasto recién cortado. La alegría de las maestras al dar clases al aire libre y el afán con el que enseñaban a compartir, ya fueran las ideas, las crayolas o el almuerzo entre los niños.

Después, esperaba a mi mamá para irnos de regreso a casa, esperando con ilusión el viernes pues sabía que pasaríamos por el quiosco de gobierno en el parque, que tenía muchísimos libros de niños, de los cuales podría elegir uno de 5 pesos. ¿Cómo olvidar cuentos entrañables como Ayotzin, Las piedras de la verdad, Mariposas, y tantos, tantísimos otros que mucho aportaron para ser quien soy?

Ahora sé que todo el tiempo, esfuerzo y alegría que invirtamos en acercar a los niños a actividades culturales abren un camino ancho en donde la libertad, el respeto, la innovación, la diversidad y el disfrute de la vida permitirán que lo hermoso de nuestra humanidad sobreviva. A pesar de todo.

Y bueno, sé que todos estamos muy contentos porque viene el fin de año, pero hagamos un espacio en nuestro corazón (tiempo, atención, trabajo) para los menos favorecidos. Finalmente, justamente de eso se trata la Navidad ¿cierto?