El derecho al delirio

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Y en este mundo de cabeza… ¿por qué no deliramos por un ratito?

Los Columpios

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Columpios - Fabio Morábito

Foto: Deb Finnell / RGB Stock

Los columpios

Fabio Morábito

Los columpios no son noticia,
son simples como un hueso
o como un horizonte,
funcionan con un cuerpo
y su manutención estriba
en una mano de pintura
cada tanto,
cada generación los pinta
de un color distinto
(para realzar su infancia)
pero los deja como son,
no se investigan nuevas formas
de columpios,
no hay competencias de columpios,
no se dan clases de columpio,
nadie se roba los columpios,
la radio no transmite rechinidos
de columpios,
cada generación los pinta
de un color distinto
para acordarse de ellos,
ellos que inician a los niños
en los paréntesis,
en la melancolía,
en la inutilidad de los esfuerzos
para ser distintos,
donde los niños queman
sus reservas de imposible,
sus últimas metamorfosis,
hasta que un día, sin una gota
de humedad, se bajan
del columpio
hacia sí mismos,
hacia su nombre propio
y verdadero, hacia
su muerte todavía lejana.

¿Quieres escuchar este poema en voz de su autor? ¡Aquí está!
Poema en audio: Los columpios de Fabio Morábito por Fabio Morábito

La cancion del pirata

Hojas de vida, Musicando, Para leer No Comments »

En secundaria, tuve la suerte de tener para la materia de Literatura a la maestra Nora. Aunque sus métodos no eran dulces, puedo decir que fue una de las materias más fructíferas para mí, pues su ella no se limitó a cumplir el temario sobre autores y estilos literarios, sino que también se hizo tiempo para darnos prácticas de oratoria y declamación. A muchos compañeros esto les fastidiaba; “total” -decían- “¿para qué nos ha de servir?, si yo voy a ser ingeniero/doctor/biólogo”. Y 25 años después apuesto que la vida les ha hecho pensar distinto.

El reto de la oratoria era principalmente para la memoria que en tan sólo un día tenía que aprender varias estrofas con entonación y compostura. Sin embargo, siempre había quien salvaba originalmente el reto: recuerdo a aquellos que acudían a las más nuevas canciones de rock en español que en aquel entonces aún no llegaba a México y “apantallaban” a la maestra con su don para aprenderse “tan bien” largos versos, declamados con toda parsimonia. ¿Cómo olvidar la felicitación tan efusiva que obtuvo un compañero cuando declamó con cara contristada la canción “En algún lugar” de Duncan Dhu, que después escuchamos por la radio?  Cierto que no tenían la profundidad de los versos de Miguel Hernández a cargo de Joan Manuel Serrat, pero era una tabla de salvación para quienes se creían imposibilitados para aprender poesía.

Pues ahora, nuevamente se redescubre la rica veta, combinación de música y reconocida poesía. Los invito a esuchar a Tierra Santa, grupo de power metal con el poema “La canción del Pirata”, del genial escritor del siglo XIX José de Espronceda. Aunque a muchos no les llame la atención el tipo de música, creo que no podrán negar la maravillosa oportunidad de difundir contenido más imaginativo, variado y de lenguaje más estructurado y pulido que el de la oferta actual. Quien sabe, en una de esas encontramos el punto de quiebre para hacer más respetable corrientes musicales como el pasito duranguense o el regetón.

Y bueno… soñar no cuesta nada.

“Canción del Pirata”
José de Espronceda

Con diez cañones por banda
Viento en popa a toda vela
No corta el mar si no vuela
Un velero bergantín

Bajel pirata que llaman
Por su bravura el temido
En todo el mar conocido
Del uno al otro confín

La luna en el mar riela
Y en la lona gime el viento
Y alza en blando movimiento
Olas de plata y azul

Y ve el capitán pirata
Cantando alegre en la popa
Asia a un lado, al otro Europa
Y allá a su frente Estambul

Navega velero mío
Sin temor que ni enemigo navío
Ni tormenta ni bonanza
Tu rumbo a torcer alcanza
Ni a sujetar tu valor

Veinte presas hemos hecho
A despecho del inglés
Y han rendido sus pendones
Cien naciones a mis pies

Que es mi barco mi tesoro
Que es mi dios mi libertad
Mi ley la fuerza y el viento
Mi única patria la mar

Allá muevan feroz guerras
Ciegos reyes, por un palmo más de tierra
Que yo tengo aquí por mío
Cuanto abarca el mar bravío

A quien nadie impuso leyes
Y no hay playa sea cualquiera
Ni bandera de esplendor
Que no sienta mi derecho
Y de pecho a mi valor

Que es mi barco mi tesoro
Que es mi dios mi libertad
Mi ley la fuerza y el viento
Mi única patria la mar

A la voz de barco viene
Es de ver como vira y se previene
A todo trapo escapar
Que yo soy el rey del mar

Y mi furia has de temer
En las presas yo divido
Lo cogido por igual
Solo quiero por riqueza
La belleza sin rival

Sentenciado estoy a muerte
Yo me rio, no me abandoné a la suerte
Y al mismo que me condena
Colgaré de alguna entena

Quizá de su propio navío
Y si caigo ¿qué es la vida?
Por perdida ya la dí
Cuando el yugo del esclavo
Como un bravo sacudí

Son mi música mejor
Aquilones el estrépito y temblor
De los cables sacudidos
Del negro mar los bramidos

Y el rugir de mis cañones
Y del trueno al son violento
Y del viento al rebramar
Yo me duermo sosegado
Arrullado por el mar

Que es mi barco mi tesoro
Que es mi dios mi libertad
Mi ley la fuerza y el viento
¡Mi única patria la mar!

El perro cojo

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Cada vez que alguien me dice que sus perros son muy finos o que le han costado mucho dinero, pienso en los que hemos tenido en casa. Ninguno de abolengo. Todos llegados por azar. Algunos los encontramos a orilla del lago abandonados, otros los recibimos regalados por vecinos que querían “deshacerse” de los cachorritos de sus perros y algunos más se fueron ganando el cariño a fuerza de pura constancia en nuestra puerta. Pienso que no he tenido que gastar un peso en comprarlos y que ellos nos han regalado compañía, cariño, constancia nomás por el hecho de sentirse queridos. Finalmente, desde nuestro punto de vista, de eso se trata tener un perro: compañía, cariño y convivencia, sin etiquetarlo como “inversión”, como alguien me ha dicho del suyo.

Aquí dejo el recuerdo de Yago, el último perrito que tuvimos hace ya más de 9 años. Esta es la foto del día en que llegó a nuestra puerta. ¿Quién se podría negar a quererlo con esos ojos?

Si de algo estoy segura, es que nuestro próximo perrito será rescatado de la calle también.

También dejo aquí una hermosa poesía llena de amor perruno:


El Perro Cojo

Manuel Benítez Carrasco
Granada, 1922 — Granada, 1999

Con una pata colgando,
despojo de una pedrada,
pasó el perro por mi lado,
un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y estampa.

Nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basuras de plaza en plaza.
Cuando pequeños, qué finos
y ágiles son en la infancia,
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana,
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.
Cuando mayores, al tiempo
que ven que se fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas.

Qué tristes ojos que tienen,
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia,
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.

Yo le llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricias… o pedradas,
no en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.

Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.
Chasco los dedos; le digo:
“ven aquí, no te hago nada,
vamos, vamos, ven aquí”.
Y adiós la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta;
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.

Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta.
“¿Qué piedra te dejó cojo?
Sí, sí, sí, malhaya”.
El perro me entiende; sabe
que maldigo la pedrada,
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima.

“Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.

Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda,
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas,
yo por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas,
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada en el alma
y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: «aquí yace
un amigo de mi infancia».

Y en el cielo de los perros,
pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque
una muleta de plata.
Compañeros, si los hay,
amigos donde los haya,
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña.

Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma.
Y fueron muchas las hambres,
mucho peso en sus tres patas
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío,
como una piedra mojada,
un duro musgo de pelo,
con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquillo de escarcha.

Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de intercambios
con que curar viejas taras.

“Para ti… un rabo de oro;
para ti… un ojo de ámbar;
tú… tus orejas de nieve;
tú… tus colmillos de escarcha.
Y tú, -mi perro reía-,
tú… tu muleta de plata”.

Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas… luceros…? No,
es mi perro cuando anda…
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata.

Y Dios me hizo mujer

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Gioconda Belli

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos, nariz y boca de mujer.
Con curvas y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore

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La vida…

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La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es bienaventuranza, saboréala.
La vida es un sueño, hazlo realidad.
La vida es un desafío, enfréntalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es un tesoro, cuídalo.
La vida es una riqueza, consérvala.
La vida es amor, gózalo.
La vida es un misterio, descúbrelo.
La vida es una promesa, realízala.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es un himno, cántalo.
La vida es una lucha, acéptala.
La vida es una aventura, arriésgate.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es vida, defiéndela.

Madre Teresa de Calculta

Dejando la casa

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Y bueno, seguro recordarán la extraña sensación de gusto-angustia cuando les llegó la noticia de que tendrían pronto un hermanito; no falta ser demasiado perspicaz para que después del sorpresón lleguen las lógicas dudas de… “¿y si se acaba todo el cariño que mi mamá tiene para mí?”, “¿y si resulta más simpático, inteligente, lindo, y se olvidan de mí?”, “¿y qué voy a hacer yo?”, “¿Cómo se supone que tengo que ser una buena hermana mayor si si nunca me ha ocurrido?”, “y bueno… eso de querer jugar con alguien, pues total, lo arreglaba con mis amiguitos y ya”.

Ahora, imagínense la aún más lacerante expectativa si eran los primeros en llegar (como me sucedió) recipientarios  hasta aquel momento de toooodo el amor familiar de los papás, tíos y abuelos.

La verdad es que, pasados los años, sé que no pudo ocurrir nada mejor en mi infancia que tener hermanos. Pero ¿quién me quita el sustazo que pasé?

Tal vez por eso me llegó este comercial que encontré por allí:

Hermanos, están siempre en mi corazón.

El molinillo mágico

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¡Siempre es buen momento para un cuento!

Barra-batata-baribá!

Canek

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Ermilo Abreu Gómez nació en Mérida, México en 1894. Escritor, historiador, periodista, dramaturgo y ensayista mexicano, ha dejado obras tan entrañables como Canek. Este libro narra un hecho real (1761) y sus páginas desprenden el aroma de la sensibilidad del pueblo maya. Narra la historia de Jacinto Canek, indio maya de raza pura, que encabezó el 19 de noviembre de 1761, una rebelión indígena contra los españoles y murió ejecutado el 14 de diciembre del mismo año.

Como muestra de lo que encontrarás en el libro, dejo aquí apenas un fragmento:

Canek y Guy salieron de caza. Canek lleva ba el arco y Guy las flechas. Se dirigieron a las madrigueras de los conejos. Caminaron por el monte y avanzaron hacia un descampado pedregoso. Las madrigueras estaban ahí. Canek pidió las flechas, y Guy, tímido, con sus ojos dulces, como de conejo, mostró el morral vacío.

Canek no dijo nada y los dos regresaron silbando.

Como nota curiosa, se encuentra el comentario mecanografiado del autor a su esposa:«¡Y las mejores páginas me las perdió Ninfa!»

Si quieres leer el libro, puedes descargarlo de aquí

Ame ni mo makezu

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Ame ni mo makezu es un poema famoso escrito por Miyazawa Kenji, un poeta del norte de la Prefectura de Iwate en Japón. El poema fue encontrado después de su muerte en un pequeño libro de notas negro dentro de sus baúles.

Poder resistirse a la lluvia
poder resistirse al viento
poder resistirse tanto a la nieve como al calor del verano
con un cuerpo fuerte
sin ansias

Nunca dejarse llevar por el temperamento
con una alegría tranquila
comer cada día cuatro tazas de arroz integral
miso y algunos vegetales

En todo
pensar primero en los otros
ver, escuchar y entender
además, nunca olvidar
a la sombra de los pinos en los prados
estar en una pequeña choza con techo de paja

Si hay un niño enfermo al este
asistirlo
si hay una madre exhausta al oeste
ponerse al hombro los fajos de arroz
si hay un hombre moribundo al sur
decirle que no hay que temer
si hay una guerra o conflicto al norte
decir que sería mejor acabar con ello

Cuando hay sequía, derramar lágrimas
cuando el verano es frío, merodear perplejo
ser llamado imbécil por todos
no ser alabado
no ser culpado
quisiera convertirme
en una persona así


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Fuente: Wikipedia

¿Qué pasaría? – Mario Benedetti

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¿Qué pasaría si un día despertamos
dándonos cuenta de que somos mayoría?

¿Qué pasaría si de pronto una injusticia,
sólo una, es repudiada por todos,
todos que somos todos, no unos,
no algunos, sino todos?

¿Qué pasaría si en vez de seguir divididos
nos multiplicamos, nos sumamos
restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso,

Qué pasaría si nos organizáramos
y al mismo tiempo enfrentáramos sin armas,
en silencio, en multitudes,
en millones de miradas la cara de los opresores,
sin vivas, sin aplausos,
sin sonrisas, sin palmadas en los hombros,
sin cánticos partidistas,
sin cánticos?

¿Qué pasaría si yo pidiese por vos que estás tan lejos
y vos por mí que estoy tan lejos,
y ambos por los otros que están muy lejos,
y los otros por nosotros aunque estemos lejos?

¿Qué pasaría si el grito de un continente
fuese el grito de todos los continentes?

¿Qué pasaría si pusiésemos el cuerpo en vez
de lamentarnos?

¿Qué pasaría si rompemos las fronteras
y avanzamos, y avanzamos,
y avanzamos, y avanzamos?

¿Qué pasaría si quemamos todas las banderas
para tener sólo una, la nuestra,
la de todos, o mejor ninguna
porque no la necesitamos.

¿Qué pasaría si de pronto dejamos de ser patriotas
para ser humanos?

No sé. Me pregunto yo,

¿Qué pasaría?

Mario Benedetti


Crowd by ~studiodestruct on deviantART

La vida en los libros

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Al leer un libro, siento que por un momento puedo ser alguien distinta, descubrirme en otra realidad y -por un momento- olvidarme de mi vida para asumirme en otra. Escuché en algún lugar que si la gente leyera más aumentaría su nivel de tolerancia, pues leer es justo un ejercicio para practicar la “otredad”, condición hermana de la empatía.

¡Qué gran fortuna es poder vivir más vidas!


This Is Where We Live from 4th Estate on Vimeo.

Si tu lees, ellos leen…

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Una de las cosas que más disfruto por las tardes es ver cómo -al decirle a Pascual que vamos de paseo- va corriendo por su mochila roja de Hombre Araña con carritos, crayones y libros.

Simplemente, me encanta.

Biblioburro

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¡Qué magnífica ejemplo para compartir el tesoro de los libros! Bravo por la creatividad y trabajo de personas que -como este Profesor colombiano- abren con esfuerzo constante las ventanas del entendimiento e imaginación de los niños.

Cuento de princesas

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Comparto con ustedes este cuento que me ha llegado por correo…  (¡Así deberían haber sido los cuentos de hadas que nos leían cuando éramos niñas!)

Había una vez, en tierras muy lejanas, una princesa hermosa, independiente y segura de si misma, que se encontró a un sapo, mientras reflexionaba sobre asuntos ecológicos y en sus acciones en la bolsa de valores, a la orilla de un estanque impoluto, en una verde pradera cerca de su castillo.

El sapo saltó al regazo de la princesa y le dijo:

“Elegante Dama: yo fui una vez un hermoso príncipe, hasta que una malvada bruja me hechizó. Un solo beso tuyo podría revertir el hechizo y convertirme de nuevo en el maravilloso y joven príncipe que soy y entonces, preciosa, podremos casarnos y podrás cuidar de mi castillo con mi madre, donde podrás preparar mis alimentos, lavar mi ropa, dar a luz a mis hijos, y estar por siempre agradecida y feliz de poder hacerlo.”

Esa noche, mientras la princesa disfrutaba de una elegante y deliciosa cena de ancas de rana ligeramente salteadas sazonadas con vino tinto y salsa cremosa de cebolla, sonrió mientras pensaba:

“¡Ja ja ja….Ni loca!”


The Frog Prince by ~xPinkTuxToTheProm on deviantART

Beda el Venerable

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¿Te ha ocurrido que tu programa se cierra sin que hayas salvado tu avance? ¿o que tu máquina no prende? ¿o de plano que perdiste el archivo que buscabas?

¡No te preocupes!

Es en este momento en que puedes encomendarta a San Beda el Venerable, patrono de la información, clasificación, precisión bibliográfica y mucho más.

Te invitamos a leer más sobre él en esta curiosa biografía que pone a nuestra disposición el blog La imagen social del bibliotecario, que se dedica a dar muestra clara de que el aura de aburrimiento ganada a pulso por algunos bibliotecarios no debe ser aplicada a todo el gremio. Es uno de los blogs más amenos que he leído…

Me encanta Dios (Jaime Sabines)

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Me encanta Dios. Es un viejo magnifico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega. Y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna y nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe de las manos.

Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero eso a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo- la vida sea para siempre.

Ahora los científicos salen con su teoría del Bing Bang… Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes. A mi me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los anbióticos- ¡bacterias mutantes!

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble. Mueve una mano y hace el mar, mueve otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento. Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja.

Dios siempre esta de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.

A mi me gusta, a mi me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.

- Jaime Sabines 1926 – 1999

“Matar a un elefante”

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La recomendación de este viernes para leer en 10 minutos y reflexionar el fin de semana: “Matar a un elefante” de George Orwell.  Llegó a mis ojos gracias a la traducción que del texto realizó Laura Manero y Verónica Canales en la revista electrónica de literatura y traducción SALTANA.

El texto es un buen motivo para reflexionar sobre el comportamiento ante las situaciones de colonialismo, poder, y la disyuntiva entre ceder ante la presión social o el sentido común propio.

Dejo aquí apenas el inicio para dejarlos picados y que no puedan sino terminar de leer:

“En Moulmein, en la Baja Birmania, fui odiado por un gran número de personas; se trató de la única vez en mi vida en que he sido lo bastante importante para que me ocurriera eso. Era subcomisario de la policía de la ciudad y allí, de un modo carente de objeto y trivial, el sentimiento antieuropeo era enconado. Nadie tenía agallas para promover una revuelta, pero si una mujer europea paseaba sola por los bazares, seguro que alguien le escupía jugo de betel al vestido. Como policía, yo era un blanco evidente y me atormentaban siempre que parecía seguro hacerlo. Eso sucedió más de una vez. Al final, los socarrones rostros amarillos de los chicos que me encontraba por todas partes, los insultos que me proferían cuando estaba a suficiente distancia, me alteraron los nervios”  Continuar leyendo…

El tiempo

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Estos días estoy leyendo el libro Momo, de Michael Ende. Bastante interesante, sobre todo si consideran que trata el tan buscado ahorro del tiempo por parte de nuestra generación. Por mi parte, estoy haciéndome tiempo para terminarlo, entre Pascualín, animaciones y actualizaciones pendientes a sitios.

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