El día de ayer parecía ser uno normal: con dos diseños pendientes y una traducción en curso, todo para entregar ya. Terminé muy cansada después de dar gusto a la agenda y -justo cuando cerraba mi computadora- encontré un mensaje que me iluminó el día: Marco, un amabilísimo lector nos compartió la dirección en donde podemos encontrar 50 capítulos de “De Puntitas” para poder disfrutarlos nuevamente, y que no es otra sino ésta: http://www.radioeducacion.edu.mx/audios/depuntitas/re2.xml
¿Se te antoja regresar el calendario muchos años -aunque sea por unos minutos- y escuchar los programas que Emilio Ebergenyi presentaba en Radio Educación? Te aseguro que no tiene pierde… Déjate llevar por la imaginación a la época en donde no te preocupaban los impuestos, el sueldo, la política, los precios, ¿recuerdas?. Aquellos estupendos días en que descubrir el mundo era tu principal interés y ocupación.
“El Colibrí” es una de mis canciones preferidas. Me recuerda muchísimo la época en que apenas llegaba a los 3 años y los jardines públicos eran tan seguros que las mamás nos inscribían en un programa del entonces Instituto Mexicano para la Infancia (IMPI) para poder jugar y aprender en clases al aire libre 2 horas por la mañana.
Todos los lunes, de camino -y sin prisa- a casa, hacíamos una parada obligatoria en el Kioskito del programa “Libros para Niños”, si mal no recuerdo; de lo que estoy segura es de la emoción y lo difícil que resultaba elegir cuál llevaríamos con nosotros. Tantos cuentos con dibujos bonitos, algunos coloridos, otros por colorear, cortos o largos, con juegos o sin juegos al final de la historia, pero emocionantes todos. Gracias al pellizco que mi Mamá hacía al gasto, pudimos conocer historias tan bonitas como la de la Tortuguita Ayotzin, La mariposa presumida, Las canicas y muchos más…
Ya en casa, comíamos y hacíamos la tarea lo más rápido posible porque sabíamos que al terminar nos iríamos al sillón verde, juntitas las tres para ver las imágenes y no perdernos un solo detalle del cuento que mi Mamá iba leyendo despacito. Eso sí: la ley era que sólo se leía un cuento por día, para que nos duraran las historias hasta la semana siguiente.
Recuerdo un cuento en especial, aunque el título se me ha borrado. La historia va más o menos así:
“Hace muchos, muchos años, un hombre tuvo que enviar a su hijo a un lejanísimo lugar. El día antes de la partida, le entregó un saco grande con la misión de recoger la mayor cantidad de piedras que encontrara en el camino hacia su destino; remató tan extraño encargo con una frase misteriosa para el hijo: “El día de mañana te sentirás muy afortunado y muy desgraciado”.
Para qué más que la verdad: al recibir la encomienda el hijo piensó que su padre ha perdido la cabeza. Y más por no quedar mal que por cumplir con el encargo de verdad, recogió algunas piedras rumbo a su destino, pero no tantas como hubiera podido… es más, cuando sintió que su saco estaba a punto de pesar descontaba algunas piedras para aligerar la carga.
Al final del día su saco pesaba, pero no tanto como para cansar su espalda o impedirle llegar ligero a su destino, porque -la verdad sea dicha- a juzgar por su fuerza y voluntad, de haberse aplicado podría haber guardado muchas, muchas piedras más para cumplir fielmente con el encargo.
El caso, es que cuando le alcanzó la noche, decide refugiarse para dormir. Ni siquiera puso mucho interés de dónde puso el saco con piedras, porque era -a su parecer- una carga molesta.
Al clarear el día se despierta listo para iniciar otra jornada de camino, sólo que se encuentra con una sorpresa que le quita el aliento: ¡Las piedras feas, pesadas, comunes se han transformado en joyas preciosas! Es entonces cuando lo dicho por su padre cobra sentido: El hijo se sintió feliz por haber recogido las que llevó, pero muy desdichado por todas las que dejó en el camino por parecerle pesadas.”
El cuento, remata diciendo que las piedras son como el conocimiento. Es muy difícil recogerlo y llevarlo disciplinadamente, pero al final del día se transformarán en un maravilloso regalo para toda la vida.
Todos hemos aprendido en aquellos (al menos para mí) lejanos días de primaria que la Revolución Francesa fue un movimiento complejo y libertario, cuya fecha de recuerdo se ha fijado el 14 Julio, ya que fue ese día, pero en el año 1789, cuando el pueblo desafió a su rey absoluto y se levantó de manera espontánea para tomar la Bastilla, una temida cárcel política de entonces.
Seguramente la mayoría podemos identificar la Marsellesa al escuchar los primeros acordes… Hoy, por azares del destino me topé con su traducción, que me pareció bastante interesante. Aquí la comparto con ustedes:
Pascualito resultó tener muy frágil el esmalte de sus dientitos; a pesar del cepillado tiene lastimados sus dientes y mañana iniciamos el tratamiento con el odontopediatra. Preferiría mil veces que me hicieran el tratamiento a mí que a él, porque está muy chiquito y será la primera vez que grite con miedo llamando a su mamá y que yo no pueda ir a rescatarlo sino hasta que termine la sesión.
Reviso su dieta… ¿Dulces? nada; bueno, para ser exactos 4 paletas de caramelo que le dió el pediatra al final de la consultas a lo largo de 2 años y 2 paletas Payaso… ¿Azúcar? sólo la de las frutas… ¿Refresco? ni en sueños. Entonces… ¿Cómo es posible que veo tantos niños de su edad que no conocen el cepillo de dientes ni por accidente y tienen unos dientes fuertes y sanos?
En este delicado punto, las opiniones de los especialistas son bien diferentes: de los 4 que consultamos uno se declaraba por “amarrarlo” para inmobilizarlo hasta que terminara (tipo Guantánamo) o de plano lo sometiéramos a anestesia general; otra dijo que con un cepillado meticuloso podriamos esperar a que creciera más para poder entrar en tratamiento posterior (al principio creímos que sería la mejor opción, pero según las radiografías esto avanza muy rápido); la tercera nos dijo que quedarían bien unas resinas y con eso no habría problema (a pesar que todos los demás dijeron que no funcionaba este sistema porque se estrellaban, caían y después era peor el tratamiento); y la última propuesta fue realizar 3 sesiones de 30 mins: Una para extirpar la pulpa, otra para poner fundas metálicas, la tercera para ir por resinas en dos muelitas más.
¿Qué hice mal? Le dí leche materna 11 meses, y lavaba los dientes de acuerdo como aprendí con el Doctor y con la práctica de hacerlo diario. Lo peor es que veo que no fue suficiente y mi error lo pagará mi chiquito querido… El médico dice que es una característica personal, como tantas otras, el que sus dientes sean frágiles. Eso no me hace sentir nada mejor. Pobrecito de mi pequeño… hoy está tan alegre y mañana descubrirá que no bastará con llamarme en cualquier momento en que sienta miedo para tener la seguridad de que estaré con él.
Ha pasado ya más de un año y aún no hay justicia. Desde hace mucho los políticos han querido que creamos que en México las desgracias se olvidan fácilmente, y no es así: Los mexicanos recordamos con el corazón y por ello nuestros recuerdos son más sentidos y más profundos.
Si queremos evitar que esta tragedia se repita, es necesario impartir justicia pronta (aunque visto el calendario esto ya no podrá ser) y ejemplar (esto está por verse). Depende de nosotros, como ciudadanos, generar la presión solidaria y pacífica necesaria para asegurar que la justicia aparezca al fin, fincando un precedente para cualquier servidor público o empresario que anteponga el lucro y/o indolencia a sus deberes de salvaguardar la vida y salud de los demás.
Y para los que nos quedamos trabajando en la ciudad, nomás viendo cómo los familiares/amigos/vecinos toman su turno para las vacaciones, incluyo aquí una piecita musicar (cortesía de Flamenca21) para soñar que estamos -aunque sea unos minutos- a los pies del mar:
Ahora sí, una vez disfrutada la brisa, el aire en el cabello, el calorcito del atardecer ¡a trabajar!
Cuando encontré este video recordé lo “taaan modernos” que nos sentíamos hace 30 años al escuchar esta música que era de las primeras en ser ejecutada en sintetizador. La gran mayoría piensa que es de Jean Michel Jarré, aunque en realidad la compuso Gershon Kingsley allá en 1969.
Su ritmo pegajosillo y alegre le permite pasar décadas sin polvo; lo mismo la tiene en su repertorio Muse que el Chef Sueco de los Muppets: