Hoy amanecimos con una noticia triste: falleció Daniel Rabinovich integrante fundador de la maravilloso grupo Les Luthiers.

Apenas empezábamos la universidad cuando nuestro amigo Miguel nos convidó a escuchar a Les Luthiers, el grupo argentino de humor que utiliza la música e instrumentos fabricados con objetos cotidianos. Nos gustó tanto que ahorramos de nuestros entonces muy poquillos ingresos para lograr ver una de sus presentaciones y en verdad que valió el esfuerzo.

En aquella época, escuchamos por primera vez “La Gallina dijo Eureka”, que ya nos alertaba sobre la intensidad de la etapa de los por qués con el aún no llegado Pascualito (que -de paso- resultó también un gran fan de ellos).

Aquí incluyo esta pieza con la que ustedes seguramente recordarán a algún pequeñito que en su ansia de descubrir el mundo hacen de cada plática una interminable retahila de “por qués”.

Aquí también llega “Esther Piscore”, para aquellos que tengan inclinación a la repostería y a la música (jajaja)

Y aquí una pieza que simplemente nos encanta:

Daniel, eres parte de la historia musical de nuestra familia.

Ve con Dios.

Nos encantan los cuentos. Y más este, que nos ha parecido una maravilla. Se llama “La Flor de la Verdad” y originalmente era una leyenda oriental que fue hábilmente adaptada por Mario Iván Martínez a nuestro contexto histórico azteca. Ojalá les guste tanto como a nosotros.

“Si yo trabajo en un determinado movimiento constantemente, al final no parecerá arriesgado para mí. La idea es que el movimiento parezca peligroso a mis oponentes, pero no para mí”.

Nadia Comaneci

¡Qué gran noticia! Nos encanta conocer propuestas culturales impulsadas por el amor al arte y amplio conocimiento de causa dedicadas a difundir la cultura.

Encontramos la gran noticia de que el Museo de la Historia del Títere está estrenándose en Tepotzotlán, Estado de México:

¡Bravo por la idea y el esfuerzo!
¡A visitarlo!

Encontré este poema. Me gustó y lo comparto con ustedes porque da palabras a la inquietud de una persona que busca a Dios y confiesa de manera sincera, sencilla y profunda que no sabe aún si Él existe, aunque quiere que así sea.

Yo creo que Dios prefiere a estas personas que genuinamente desean encontrarlo, que se maravillan del mundo, desean el bien para sus semejantes y que sinceramente declaran que no están seguros sobre su existencia, sobre aquellos que pasan la vida orando y no demuestran en sus acciones su fe en su entorno ni con sus hermanos.

Somos afortunados… Dios conoce los corazones.

 

Plegaria al Desconocido
Jules Supervielle

He aquí que me sorprendo hablándote, Dios mío,
yo, que no sé todavía si existes
ni comprendo la lengua de tus iglesias susurrantes.

Miro los altares, la bóveda de tu casa
como quien dice simplemente: “Esto es madera, esto es piedra,
aquéllas son columnas románticas, le falta la nariz a ese santo,
y adentro como afuera hay un mismo desamparo entre los hombres.

Bajo los ojos sin poder arrodillarme durante la misa
como si dejara pasar una tormenta sobre mi cabeza
y no puedo evitar el pensar siempre en otra cosa.

Me pasaré la vida pensando en otra cosa,
y esa otra cosa soy yo, tal vez mi yo verdadero:
es allí donde me refugio, y tal vez sea allí donde tú estás,
creo que nunca podré vivir sino en esas lejanías que me seducen.

El momento presente es un regalo que no he sabido aprovechar,
no sé bien cómo se usa, lo volteo para un lado y para el otro
y no logro que funciones su difícil mecanismo.

No creo en ti, Dios mío, pero quisiera hablarte a pesar de todo;
he hablado con las estrellas aunque las sepa sin vida,
con los más humildes de los animales aunque los sepa sin respuesta,
con los árboles que, sin el viento, serían mudos como la tumba.

Y me he hablado a mí mismo aunque no estoy seguro del todo de que existo.

No se si oyes nuestras plegarias, las plegarias de los hombres,
no sé si tienes ganas de escucharlas,
no sé si tienes como nosotros un corazón en alerta continua
y oídos siempre abiertos a las noticias más diversas.
No sé si te gusta mirar por aquí.

Pero querría recordarte a tu planeta la Tierra,
con sus flores, sus guijarros, sus jardines y sus casas.
Con todos sus seres; con nosotros que sufrimos y lo sabemos.

Querría dirigirte cuanto antes estas humildes palabras humanas
porque cada cual debe tentar ahora lo imposible
aun si no eres más que un soplo de hace millares de años,
una gran velocidad adquirida, una melancolía durable
que hace aún girar a las esferas en su melodía.

Querría, Dios sin rostro y tal vez sin esperanza,
que prestaras toda tu atención, entre tantos cielos vagabunda,
a los hombres que nunca pueden darse un respiro en el planeta.

Escúchame, corre prisa: todos van a desalentarse
y ya no podremos distinguir a los jóvenes de los viejos.
Cada mañana se preguntan si la matanza va a comenzar.

Por todas partes se preparan extraños distribuidores
de sangre, de quejidos y de lágrimas.
Se preguntan si los trigos no esconden ya fusiles.

¿Se acabó el tiempo en que podías ocuparte de los hombres?
¿Te llaman de otros mundo, médico de consulta
que sin saber por dónde empezar deja morir a su clientela?

Escúchame, no soy más que un hombre entre tantos otros:
el alma está a gusto en el cuerpo, el alma no quiere escapar
en un estallido de bomba;
el alma es para nosotros una caricia, un secreto halago.

Déjanos respirar sin pensar en nuevos venenos,
déjanos mirar a nuestros niños sin pensar todo el tiempo en la muerte.
No estamos para batallas, para generales.

Déjanos nuestro ir y venir de rebaño entre cencerros
y olor a leche que se mezcla al olor de la hierba espesa.
Ah, si existes, mi Dios, mira de nuestro lado,
ven y descansa un rato entre nosotros, la Tierra es hermosa con sus árboles,
sus ríos y sus estanques, tan hermosa que uno diría
que la añoras un poco.

No te vayas a hacerle sordo una vez más
ni a sentirte conmigo, Dios, si te tuteo,
si te hablo con tan abrupta simplicidad:
creería menos que en cualquier otro en un Dios que aterrorizara;
y tú, más que por el rayo, sabes expresarte por las briznas de hierba
y los ojos del agua y los juegos de los niños,
lo cual no impide que haya océanos y cadenas de montañas.

No puedes ofenderte porque te digo lo que pienso,
porque reflexiono como puedo sobre el hombre y su existencia
con la franqueza de la tierra y de las diversas estaciones
y tal vez con tu franqueza cuyas lecciones ignoro.

No me faltan disculpas, consiente en aceptar mis pobres sutilezas,
tantas cosas se preparan solapadamente contra nosotros
que, por mucho que hagamos, tememos siempre que nos sorprendan desprevenidos,
tenemos ser como el toro que no comprende qué sucede:
lo llevan al matadero, no sabe adónde va,
y justo antes de recibir el golpe mortal sobre la frente
se repite que tiene hambre, y pastaría de buena gana,
¿pero qué pasa con esa gente de delantales llenos de sangre
para que así se empeñen todos en atenderlo esta mañana?

Hoy falleció Jacobo Zabludowsky, quien diera las noticias cada noche en millones de hogares mexicanos durante décadas; fue sólido pilar de la sociedad que hoy tenemos, en su peor sentido.

Muchos recuerdan su labor en el terremoto del 85. ¿Y quién que se tenga por periodista no lo habría hecho así frente a la obligación ineludible de dar constancia de tan terrible hecatombe?

No me sorprende cuántos hoy lloran su ausencia y lo declaran su maestro. Finalmente, nuestra cultura mexicana es muy así: siempre con el afán de santificar a los muertos.

Los invito a leer el artículo de Julio Scherer publicado en Proceso: “De Scherer sobre Zabludovsky: La vida que desprecio” pues siempre es saludable tener otra opinión y más si proviene del contacto directo entre ambos periodistas. O este otro, sin desperdicio, de Vicente Leñero llamado “La conversión de Jacobo Zabludowsky” publicada en la Revista de la Universidad de México.

Ante su trayectoria profesional, sólo puedo recordar la frase con que él mismo informó sobre los hechos del 2 de octubre: “hoy amaneció soleado”.

En fin. Bendita internet que nos permite información más abierta, directa y disponible al momento. Me despido con esta emotiva cancioncita que Molotov le dedicó al aquí despedido.

Tanto cariño, por algo será…

Hoy dejo por aquí esta cancioncita que me encanta (aún más que su versión original).

 

Este mes Pascual cumplió años.

¡Cuánto agradezco a Dios que entre tantos millones de niños y niñas, él, justamente él, haya sido nuestro hijo!

¡Va para ti esta canción, mi Chimuelito Hermoso!

Y aquí va este video para mi Hermanito, que pasaba tardes enteras jugando canicas, coleccionándolas, tirando torres con ellas y acabando con las rodillas de los pantalones con mucha felicidad.
¡Te quiero Hermanito!

Lo único que le faltó al video fue el soundtrack que Cri-crí preparó proféticamente para el caso:

Y por fin llegó el día de las mamás. Aquí con gusto les dejo una canción que me encanta; es de Luis María Pescetti, aunque también pueden encontrar una versión muy buena con Canto Alegre.

También llega una felicitación de Snoopy:

Y el cariñoso pensamiento de J.D. Sallinger que dice: “Todas las madres están ligeramente locas”.

Pero el mensaje que asegura que tanto esfuerzo logrará frutos e impactará a la humanidad futura es quella que dice: “Indiscutiblemente, todos llegaremos a citar a nuestras madres”

¡Feliz día a las Mamás!

:)

Les dejo aquí  un documental premiado que trata sobre la maravilla que es nuestro cerebro y cómo la tecnología busca curas para algunas de sus enfermedades. No tiene pierde, ojalá puedan verlo.

Ayer escuché una parte que me encantó:

“Liverpool no es parte de mí, Telcel no es mi amigo y Sears no me entiende.”

Y sí, eso de agregarle atributos de felicidad humana a entes de venta es una trampa en la que caen muchos humanos deseosos de un ápice de alegría que -tristemente- se desvanece al poco tiempo de ser consumada la compra. Y es que las experiencias, recuerdos, alegrías mejores de la vida no se compran.

Canción Consumo
Luis Eduardo Aute

Rezan las leyes básicas
De una curiosa ética
Que el hombre es una máquina
Consumidora intrépida
Compre electrodomésticos
Dicen los nuevos místicos
Es el gran signo de éxito
Del “homo sapientísimo”

Producto, consumo
Éste es el triste tema de esta canción
Canción, canción, consumo
Éste es el triste tema de esta canción

Queda un último término
Lo del salario mínimo
Con el madrid-atlético
Y el juego quinielístico
La corrida benéfica
Hoy televisan íntegra
Es la moderna técnica
De crear alienígenas

Este mensaje estúpido
Tan saturado en tópicos
Hay que venderlo al público
Como un jabón biológico
Así dispone el código
Mafioso-discográfico
Y así se explota al prójimo
Prójimo y primo práctico